De regreso

Por Zahylis FerroGarden

Me disculpo de antemano con mis amigos por la ausencia prolongada. Hace más de tres meses que no asomo las narices por kontARTE y no es que crea que me han extrañado los muchos, pero si los pocos que han tenido a bien reclamarme con delicadeza la falta de dedicación.

No suelo disculparme a la entrada. La mayor parte del tiempo lo dejo a modo de conclusión. El orden de los factores no altera el producto pensarán. Quién sabe. El punto es que solo he encontrado una disculpa inicial que valga la pena, y es esa que dice “pido perdón a los niños por dedicar este libro a una persona mayor…” De sobra la identificaran como El Principito. Pero a veces hay que pedir disculpas a las personas mayores, a quienes probablemente defraudaré  con este post, personas mayores que quizás pensaban que luego de tanto silencio escribiría algo sustancioso y bien cuajadito así como un buen ajiaco criollo y que se quedarán perplejos ante esta sopa de arroz aguada.

Cuando sobran las palabras, a veces, paradójicamente faltan. Y el exceso de palabras de los últimos meses me ha dejado sin voz. Dos conclusiones, una mala y otra buena. La mala: pasarse, es a veces peor que no llegar. La buena: la voz, aunque titubeante y extraviada puede reencontrarse. O al menos esperemos que así sea. De ahí precisamente viene la idea de la disculpa: no tengo un producto que ofrecer. No tengo una historia. No tengo una voz. Y dedico estas líneas a los niños, no a las personas mayores, porque a paso de bebe es que me lanzo a intentar recobrar esa voz que quiero pensar no es ajena y está solo perdida.

Hace unos días comenzamos el ambicioso proyecto de plantar un pequeño huerto en casa. Guajira como soy, me he dado cuenta que se muy poco o nada del arte de cultivar. Sin mucha idea de cómo, cuanto y cuando le metí manos al asunto y espero que me dure la ilusión, y no se me mueran las plantas o lo que es más importante, que no me las arranque el viejito que corta la yerba del barrio cada mes. Viene mañana por cierto. Miro mis pequeñas plantas endebles y tiemblo. Ellas no saben. Pero yo sí. Ya una vez intentamos un jardín. El cortador de yerbas cercenó cuanto verde encontró sin piedad. Nos dejó a cambio un cantero pulcro y desolado donde a cada cinco cuartas crece una mata decorativa que más bien parece replicada en un intento soso de armonía conceptual.

Me jode la armonía decorativa. Quizás por parecer un pequeño reguero verde, mi jardín pasó a la historia la primera vez. Hoy limpié el cantero  y le puse un cartel agresivo y excluyente con la intención de proteger a las menudas plantas. Espero que las vea el podador. Espero que cuando llegue del trabajo mañana el huerto aun exista. Espero que a paso de bebé y tenacidad de planta pueda recuperar la voz perdida. Espero que en la tierra mojada pueda cultivar las palabras que busco, las que tuve y las que no, y las que presiento pueda llegar a ver florecer un día.

Sin disculparme más nos auguro un proceso lento en el que los he involucrado sin permiso ni clemencia. Proceso de conquistar canteros que he dejado comerse a  la yerba. En el proceso creativo es tan mala la yerba como la aridez. Son, de manera diferente, la misma cosa. No prometo nada. Me gustaría, sin embargo que nos quedáramos… a ver qué pasa.

Cambio de “look”

Si bien es cierto que lo que no esta roto es mejor no arreglarlo, a veces a las cosas les conviene un cambio de look. kontARTE no es la excepción. La verdad es que tras haber seleccionado cuidadosamente un diseño inicial de la pagina, para que estuviera acorde con el sentido general del blog, no nos volvimos muy locos haciendo cambos estéticos ni explorando otras opciones. Nos dedicamos, simplemente a contar, o a kontARTE, o lo que para nosotros es dedicarse al -llamémoslo ARTE- del simple contar. Arte que no terminamos de aprender. Arte que no terminamos de conocer. En términos guajiros, toro que no acabamos de agarrar por los cuernos. Arte que con el mayor de los placeres seguimos tratando de conquistar.

Desde hace días, sin embargo  empezamos a pensar, ¿por que no? Ya nuestro bebe tiene más de dos años, y es hora de pasar de los tonos pasteles a colores mas subidos. De la misma manera que nuestra manera de contar ha crecido, ha crecido kontARTE, y quisimos que un cambio de look marcase el ser concientes de esa evolución gradual.

¿Que les parece? Nos gustaría que el cambio les agrade, porque son ustedes, todas y cada una de las personas que nos leen, la motivación y muchas veces el empujón para seguir escribiendo.

Se aceptan “dislikes” por supuesto. Y si son muchos… pues valoraremos otro cambio de look. Pero si les gusta, marquen “like” o “me gusta” al final del post.

Na’ señores, es verano…hay mucho calor…y hay que entretenerse en algo!!

Días de Isla, días de Encanto

Por Zahylis Ferro

Después de una ardua labor de sumar, restar, multiplicar y dividir, finalmente echamos a rodar la ruleta para decidir, al azar, donde posar el vuelo este verano. Y así, medio por casualidad, medio que influenciado por factores externos y medio que alterando levemente el recorrido de la ruleta, fue que empacamos tres carry-ons en un dos por tres y emprendimos un vuelo corto cerca del sol para aterrizar, con una energía nueva, en la isla del encanto.

Puerto Rico tricolor

Puerto Rico se reveló ante nuestros ojos en una mezcla tricolor de red-white-and-blue el 4 de julio, en plena algarabía de fuegos artificiales y banderas de celebración, decorando un cielo que media hora antes parecía estarse cayendo a pedazos en un aguacero torrencial que se rompía contra el suelo, con la misma furia con que, en el mar, rompían las olas contra los muros de piedra que contienen la historia de la cuidad. Puerto Rico celebraba la liberación de America, inmersa en un despliegue de idiosincracia mixta e identidad encontrada,  prevaleciente y auténtica. Sin ánimos de egocentrismo, no creo que hayan habido muchos espectáculos de fuegos artificiales mas románticos en el país: bajo el chin-chin de una lluvia muy fina, con el sonido arrasador de una mar enérgico de un lado y la semipenumbra tenue de otro que hacía resaltar las siluetas de unos pedazos erguidos de pasada colonización, el cielo se rompía en una lluvia de colores sobre la laguna inerte. No todo fue color de rosas por supuesto. Mia, para quien el volumen de las cosas tiene que estar siempre mas alto de lo normal, decidió que los fuegos no eran fuegos sino un “tremendo bum-bum que no la dejaba oír” y hubo que lidiar con sus protestas como música de fondo. Ya antes había creado su propia piscina en la habitación, desbordando la bañera y mojando todas -todas- las toallas,  y como en ese episodio ya habíamos agotado la retahíla de regaños del día, nos limitamos a dejar la música de fondo, en el fondo, y no interferir con la creación de la artista.

McDonald’s o los McDonald’s de Mayagüez

Conducir de San Juan a Ponce, atravesando la isla, y luego de Ponce a San Juan bordeando la costa oeste, hubiera tomado el mismo tiempo que un viaje de Miami a Disney World de no ser por las paradas en el camino. Hubiera tomado el doble de tiempo, claro esta, de haber hecho buen tiempo, porque entonces hubiéramos duplicado también las paradas intermedias, pero el 5 de julio Puerto Rico amaneció y anocheció pasado por agua.

Una simple parada de rutina en un McDonald’s en Mayagüez  -el poder entretenedor del juguete del happy meal no falla- se convirtió en una experiencia publicitaria  interesante. Ya nos hemos acostumbrado a las compañías que quieren ser todo para todos, y venden desde la A hasta la Z sin especializarse en nada. McDonald’s, por supuesto, esta en ese barco, sirviendo no solo la tradicional comida rápida, sino ademas un variado menú que incluye helados, batidos, ensaladas, y ahora también café. Los McCafé no son noticia. Lo que si fue interesante, al menos para nosotros que no lo habíamos visto antes, fue el concepto de este y otros McDonald’s en Mayagüez que vimos a distancia, donde la sección del McCafé esta separada del resto de los productos, tomando posesión de un rincón completo del local a lo estilo “coffee place.” Las opciones no eran para nada limitadas: una buena variedad de lattes, frappuccinos, cappuccinos, expressos y demás, acompañados de un amplio surtido de dulces finos, pasteles, postres, y hasta tres o cuatro tipos de cheesecakes. ¿Se esta McDonald’s adentrando también en el mercado del café, de no solo servir café pero de querer crear una atmosfera para recrear el ritual del café? No sé. Como ya dije, no lo habíamos visto antes. Quizás es un experimento de mercado u otra “adaptación” puertorriqueña a un concepto continental. En cualquier caso, el café estaba lejos de impresionar. La parada, el ambiente, y por supuesto, el juguete, si valieron, y mucho, la pena.

Un viejo San Juan como una Habana nueva

Nos lo habían advertido: San Juan es como la Habana. La verdad, lo es. Es como La Habana que La Habana hubiese sido de no ser lo que es. Es una cuidad nueva construida sobre una cuidad vieja, donde la historia no se circunscribe a los museos sino que se exhibe en las calles, en las avenidas empedradas, en las puertas, las ventanas, los horcones y balcones del siglo pasado, en las plazas y parques que te encuentras en cada esquina. Y allá, a lo lejos, también al doblar de cualquier esquina, el mar, testigo imparcial del paso del tiempo.

San Juan tiene un encanto que cautiva, un romanticismo poco pretencioso que esta por todas partes y al mismo tiempo es difícil de señalar con un dedo. Al contrario, no sobran los dedos ni las manos para empezar a enumerar sensaciones. Habitada por gente extremadamente amable, donde los niños no solo eran tolerados sino que auténticamente tomados muy en serio, San Juan y el resto de los sitios donde nos detuvimos, tiene la calidad humana de isla Caribeña que tanto se hace extrañar. ¿Vivir en San Juan? ¡Al menos para nosotros, del todo posible!