Un cuento corto

Por Michael SixtoHabana Al Morir Por Michael Sixto

Este es un cuento corto, muy corto tal vez, pero a veces no podemos ponernos demasiado exigentes. Nada, aquí va:

Masinga era un guerrero africano Masai  en las praderas de Tanzania. Los Masáis son una tribu nómada así que Masinga se la pasaba siempre de un lado para otro. Esa parte es muy conveniente para esta historia porque de alguna manera este personaje tiene que empatarse con una jinetera cubana. ¿Por qué? ¿Por qué no? En realidad el término jinetera ya no es muy común en Cuba, no porque hayan desaparecido sino porque simplemente…  han evolucionado.

En fin. Resulta ser que Masinga termina perdido en la Habana. Y por favor,  no pregunten cómo, eso es irrelevante, además recuerden que es un tipo de sangre errante. Y de esa manera conoce a Yusimí. Así se llamaba nuestra “trabajadora social”. Yusimí andaba esa semana con Antonio, un turista italiano. Como buen italiano de vacaciones en Cuba, Antonio buscaba… diversión. Y Yusimí era una especialista en proveer servicios al turismo internacional, especialmente a italianos. Nada, cuestión de gustos.

Bueno, Masinga estaba fascinado con los cubanos. Y las cubanas, claro está. La mezcla de humedad y calor sofocante combinada con la fresca brisa de mar, era realmente afrodisíaca. Así se encontraron los tres una tarde de sábado, abandonados al delirio de saberse vivos. Para Masinga fue amor a primera vista. Cuando tropezaron en la calle, y pudo ligeramente oler el aroma que le brotaba  a Yusimí del cabello mojado de mar, Masinga fue feliz. Yusimí jamás había visto, ni sentido, un hombre tan sólido y prominente en su figura. Rápidamente supo que ese Negrón altísimo y fuerte no era cubano. Antonio no supo que pensar, pero intuyó que algo estaba por suceder.

Esa noche Masinga buscó a Yusimí y la encontró. De un empujón hizo a un lado a Antonio, se echó la mujer al hombro y la raptó de entre la gente que aun miraba boqui abierta. Después de poseerla violentamente por horas, Masinga se sentó delante de Yusimí y le declaró su amor. Le habló después de su ganado, de su pradera verde, del león que cazaría para ella en prueba de su amor. Le habló de futuro. Y a Yusimí nadie le había hablado jamás de futuro, así que no pudo evitar que las lágrimas le corrieran por las mejillas manchadas de maquillaje viejo.

Al día siguiente, seguros de estar y convencidos del nuevo camino, Masinga y Yusimí invitaron a Antonio a festejar. En la noche hicieron una orgia y todos fueron testigos cómplices de la pasión que había nacido.

The End.

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S de Sindo y S de Susana

Por Zahylis Ferro

Ingenio, amistad, inocencia, espíritu aventurero, ansias de grandes conquistas, sencillez y ternura jóven y febril se mezclan deliciosamente en El beso de Susana Bustamante (Editorial Gente Nueva 2011), una nueva historia del “Mark Twain tropical” Sindo Pacheco. 
Hace un tiempo, tras haber publicado en kontARTE un cuento de Sindo, trataba yo de describir su habilidad para narrar cosas inverosímiles de la manera más sencilla imaginable, cuando alguien en un comentario lo llamó el “Mark Twain tropical” y no creo que haya mejor calificativo que ese. Podría ser este libro una adaptación cubana de Tom Sawyer, o un Huckleberry Finn made in Cabaiguan, igualmente exquisitos en el uso de una narrativa limpia y excitante que fluye como arroyo desbordado y de  la misma manera te arrastra, te somete, te adentra en sus intimidades y dulcemente te roba la sonrisa. Pero tiene El beso de Susana Bustamante una autenticidad sublime, la sencillez de ser una historia repetida y repetible, la humildad de la aventura casera, la inocencia y libertad de una adolescencia  circunscrita a barrio pequeño e ilusiones grandes. Es un libro que se lee solo, o mejor aún, un libro que es capaz de leer al lector, de transportarlo a sus propias vivencias de pandillas y horas perdidas en el mataperreo típico.
Trae Sindo a Susana de la mano y la deja ahí, donde todo el mundo puede verla, y ella a su vez trae un beso que sabe major que los mejores helados del mundo, y lo pone ahí, donde solo quien se lo gane bien puede disfrutarlo, y es en los labios de un Pablo-halcón, Pablo-corsario, Pablo-pandillero-temible que sabe no solo ganárselo sino que lo desea como nadie.
Yo, que fui parte de una pandilla tan versatil como la de esta historia, que un día era exploradora y otro día marina, y otro, miembro de la corte de un palacio árabe, y otro más detective con dotes paranormales, no pude dejar se reírme de las ocurrencias de estos corsarios mientras buscaban “sus frases,” y planeablan el falso ataque a Carburo y el rescate de Honorata. Yo, que tenía que salir al barrio a ver las aventuras de las 7 y media porque el televisor de mi casa estaba más veces roto que arreglado, no pude dejar de imaginarme la escena en la sala de Agapito y Anastasia. Yo, que admiro las historias simples que se las ingenian para hacerte sentir como si hubieras tratado los temas más profundos del mundo, no pude ni puedo dejar de agradecer esta lectura, el que exista un Sindo Pacheco, y el beso de una Susana Bustamante, que ya es parte de una pequeña colección de libros que quiero regalarle a mi hija en unos años.
A los amantes de la narrativa limpia y la literatura aventurera  solo me queda por desearles ¡que lo disfruten! En cuanto a mí, resumo mi opinión sobre el libro en pocas palabras y a lo Susana Bustamante: “¡Uy, me encanta!”
Sindo Pacheco estará presentando El beso de Susana Bustamante este Viernes 18, a las 7:00 pm en Delio Photo Studio (2399 Coral Way). La introducción estará a cargo del escritor Carlos Pintado.

Serie: El Regalo de Rodolfo: Mirada desde un Submarino Blanco

Por Zahylis Ferro

Hace unos años, en una clase de Creative Writing, escuché por primera vez a alguien hacer énfasis en el escribir usando palabras para “mostrar” mas que “decir” lo que pasa en la historia. Terminó la clase y no siempre pude darle al asunto donde le dolía. Algunos tenemos la manía de contar “contando.” Sin embargo mi profesora se hubiera sentido realizada de haber tenido a Eva Vergara como alumna y haber podido leer Mirada desde un submarino blanco (Editorial Silueta 2009).     
Mirada desde un submarino blanco es un libro minucioso, detallista e íntimo. En sus historias se muestra mucho y se cuenta poco. Y digo que se cuenta poco porque en la mayoría de las historias pasa poco en verdad fuera del personaje, en otras palabras, la acción ocurre dentro y no fuera de él. Envuelta en piel de mujer – mujer que lucha batallas muy femeninas y se debate en conflictos de género y sociedad- y escondida a su vez dentro de su propio submarino blanco, refugio y encierro, un alma observa la vida que transcurre en el exterior, mientras muestra la otra cara de la moneda, la vida que pasa dentro, donde es reina y dueña de su intimidad.
Lo más curioso es que al final la observadora termina siendo la observada porque la mujer se describe, se regala, se quiebra y se duele en ese dolor interno que los personajes de la historia con los que interactúa no pueden percibir, aislados entre tanta introversión. Y a eso me refería cuando al principio ponía el ejemplo de mi clase de Creative Writing, porque en Mirada desde un submarino blanco el dolor se ilustra, no se describe. Miradas… no dice  “duele”, muestra “duele” como en la historia Entre ángeles, aunque la mayoría de las veces el grito suene sordo, a modo de implosión, como cuando se quiere gritar en un sueño y no se puede porque simplemente no estamos despiertos.
Desde el submarino blanco el mundo no pasa desapercibido: ciudades, vívidas e irreverentes, como en “Cruzando desde, a la oscuridad”…el conflicto ‘pasado y/o realidad’ de “Mi Cuba Nostalgia’”... los efectos de la rutina sofocante en la vida de la mujer moderna que muchas veces se bate a capa y espada entre el “tengo que hacer algo y no se que es” y el quiero hacer algo que no es eso que tengo que hacer, esa repetición que abarca “Monotonías” en cada día de la semana.
Ante el submarino blanco se extiende un mundo al que la observadora pertenece por decreto pero del que no es parte, un mundo con el que difiere y contrasta, uno que le recrimina, la acorrala, la examina y categoriza como a un bicho raro. El submarino blanco, blanco como su color favorito, la acoge, la cuida, la protege, la deja soñar a su manera, la deja imaginar y ser quien es.
Solo ella se ve a sí misma dentro del submarino. Ella lo ve todo. Nadie la ve a ella. Al menos…eso cree la observadora. Lo cierto es que en estas 80 y tantas páginas, el ser que habita la blancura de su encierro, ha quedado, afortunada e irremediablemente, expuesto.

Serie: El regalo de Rodolfo: Claustrofobia y otros encierros

Por Zahylis Ferro

En mis años de escribir, los títulos de las historias han sido siempre mi batalla mayor. A falta de títulos que creen expectativa, atraigan lectores y sirvan de preludio al acto mayor, me he concentrado en buscar títulos que resuman de cierta manera el texto que le sucede. Mejor o peor, dicen de lo que va la historia.
En mis años de lectora, he leído pocos libros que tengan el título mejor puesto que este libro de Rodolfo  Martínez Sotomayor. Desde Claustrofobia mismo, y saltando de cuento en cuento, el libro recoge un manojo de encierros que se regocijan al poder aprisionar un mundo en pocas páginas y arrinconar a un lector, que vuelve y se revuelve entre ellas. Dulce es el cautiverio, pero cautiverio al fin y al cabo no cree en libertades innecesarias y grietas por las que se pueda escapar la mente fantasiosa. Todos los encierros de este libro saben lo que quieren decir y dicen lo que quieren decir. Hay espacio al cuestionamiento, al desacuerdo, al reclamo quizás, pero no a la duda: los encierros nos pasan, aunque algunos pasan para quedarse.
El libro te hace parte de diferentes encierros, algunos personales, como es en su mayor parte el de Claustrofobia,  algunos socialmente construidos, como es el caso de Crónica de un mal día, y algunos que son un poco de los dos, como El Moro, que murió asfixiado por su propia pena y las incomprensiones ajenas. Y me gustaría resaltar que los personajes de Rodolfo responden a sus encierros de manera consistente, como si entre sus cuatro paredes el miedo a quedarse dentro se volviera parte de ellos mismos, y la lucha por romper el cautiverio no fuese otra cosa que la inconformidad individual y la búsqueda de un futuro mejor y diferente. Hasta cierto punto todos somos víctima del encierro, lo que no todos vivimos de igual manera la claustrofobia.
Frases que gozan de una riqueza descriptiva profunda se alternan con recurrentes expresiones cortas crean en estas historias una contagiosa ansiedad, la misma creciente ansiedad que viven los protagonistas, la sensación quizás de estar cayendo en un hueco profundo y ver la vida, ajena es este caso, desfilar ante tus ojos. Las historias se hunden y como el que se ahoga, tratan de ahogarte con ellas, tarea que sin dudas logran.
Leí casi todos los cuentos de principio a fin, sin hacer pausas, conteniendo la respiración y respirando libremente después de cada punto final. Una vez liberada del encierro de cada historia terminada, me di cuenta que la claustrofobia era un pequeño precio a pagar y que estaba lista para pagarlo de nuevo.

Rodolfo Martínez Sotomayor se presentará en Delio Photo Studio este Viernes 24 a las 7 p.m. en una lectura de poesía y narrativa compartida con los escritores Ernesto G., Joaquín Gálvez y Rolando Jorge, quien presentará su libro Ido a Hurgar (Editorial Silueta, 2011). Delio Photo Studio, 2399 Coral Way, Coral Gables, (305) 856-5632.

Serie: El Regalo de Rodolfo: Trilogía del Paria

Por Zahylis Ferro

Quien diga que palabras como cucaracha, estiércol, tiñosas y cloaca no son suficientemente poéticas para escribirse en versos, que le pregunten a Joaquín Gálvez. Pregúntenle luego de donde saca frases como “cataclismo en mi pecho,” “merecerse la noche” y “ser el escribano de la ruta azul de tu mirada” y como es capaz de mezclar las primeras con las segundas y hacerlas parte de un mismo poema. Y no olviden preguntarle como logra, en un batido perfecto de palabras y frases contrastantes, sintetizar sentimientos de hastío, marginalidad, angustia, furia, decepción y odio.
La poesía de Joaquín es pura pasión y rebeldía. Es grito. Es acusación. Es crítica. No es, sin embargo consigna. No se repite aunque su esencia se reitera. No pregona flores, pregona dardos envenenados que el comprador de rimas y melodías pudiera mirar con recelo.
Las tres partes de la vida de este paria que leemos en versos asimétricos, recogidos en el volumen Trilogia del Paria (Editorial Silueta), traen consigo la carga de la –forzada quizás– transformación personal. Un paria que se niega a aceptar su destino se retuerce en la inmovilidad social, el tedio, la impotencia y busca fuerza dentro de sí para alejarse de la ciudad y crear sintonías que provoquen el amor, dos de los poemas que más me gustan de esta sección.

El mismo paria muta al cambiar su medio ambiente, y se descubre en la segunda sección, “Poesía debajo de la tierra,” como un personaje melancólico, sumido en un proceso de aculturación, un personaje que se debate entre la nostalgia por el nido abandonado y la voz de la conciencia repitiendo que “ya aquí nos merecimos la noche,” un lujo inalcanzable en el nido natal. En esta sección el poeta o el paria despotrica contra lo que ha dejado atrás, la industria alimenticia y del trasporte, “todo estaba en vías de desarrollo”, “las tiñosas que multiplican su vuelo sobre la cuidad”, una ciudad desbordaba en problemas políticos –vistos en “Poética de la Isla”– con incidencias sociales a los que inevitablemente los seres se adaptan para poder coexistir, “y al luto, poco a poco, le fuimos cogiendo cariño.” Y finalmente, en la misma sección, dotado de una conciencia doliente, el paria-poeta se reconoce parte de otro mundo, en el que ha encontrado consuelo “condenado estoy a la otra orilla donde te falte. El horizonte ha sido mi verdadera casa.”
La tercera parte, “Premonición del Iniciado” podría llamarse también cuando la vida te da limones, haz limonada. El poeta-paria baila “Rock and Roll sobre la eterna cuerda floja” se vuelve el Adán de su propio destino, limpio ante él, esperando por ser poblado con semillas nuevas invariablemente condenadas a vivir a la sombra de “El círculo de la memoria.”
La Trilogía del paria es un canto al inmigrante, un testimonio de la inmigración cubana y un viaje por las diferentes etapas de la vida de ese inmigrante que se siente incompleto y atrapado entre dos tierras, nadando incesantemente en un mismo mar donde se encuentran y desencuentran dos aguas.

Joaquín Gálvez se presentará en Delio Photo Studio este Viernes 24 a las 7 p.m. en una lectura de poesía y narrativa compartida con los escritores Ernesto G., Rodolfo Martínez Sotomayor  y Rolando Jorge, quien presentará su libro Ido a Hurgar (Editorial Silueta, 2011). Delio Photo Studio, 2399 Coral Way, Coral Gables, (305) 856-5632.

Serie: El regalo de Rodolfo: Preludio

Por Zahylis Ferro

Conocer personalmente a los autores de los libros tiene un encanto especial. Y no es precisamente el hecho de pisar el mismo suelo que pisa alguien famoso, por decirlo de alguna manera, aunque no es menos cierto que converger en esa misma dimensión con la persona que admiras de antemano es indescriptiblemente emocionante. Pero es algo más que eso… es como dejar de sugestionarse ante la aparición del “coco”, como rellenar oraciones incompletas con las palabras correctas, como empujar una puerta cerrada sólo por curiosidad y sentar como cede y darte cuenta que esta abierta y que puedes entrar. En pocas palabras, conocer a los autores es un poco perderle el miedo a la silueta de un nombre, asumir la condición humana detrás de un humanismo que hasta entonces sólo concebías mediante letras y descubrir a la persona que has imaginado de muchas maneras.
Una ventaja de conocer a los autores es que tienes más acceso a sus escritos, a los publicados y a los que aún están en proceso de creación. Y, sí, por qué no, de vez en cuando te regalan libros, libros que no me importaría comprar por supuesto, pero que al volverse regalos alimentan el ego y lo hacen sentirse a uno raramente especial.
Desde hace un tiempo atrás he venido lentamente conociendo a ciertos autores. En algunos casos los libros han sido la consecuencia, en otros la razón de ser. Entre mis nuevos conocidos esta Rodolfo Martínez Sotomayor, a quien considero una “minita de oro,” no sólo porque el mismo es escritor, sino porque además tiene acceso a muchos otros escritores, y por ende a sus escritos y porque para ponerle la tapa al pomo, me ha hecho el generoso regalo de un grupo de libros de autores que conocía o he conocido después.
Freak de libros como soy yo, llegué a mi casa con más manos llenas y una ansiedad loca por leerlos todos a la vez. Uno, dos, tres, ya se han rendido a mis ojos, dejándome con la idea en la cabeza de escribir algo sobre cada uno de ellos y publicarlo en kontARTE. La sección de Cuéntame para kontARTE, concebida originalmente como una especie de círculo de lectura cibernético y que con el tiempo ha sufrido una metamorfosis natural y es ahora más un espacio para recomendar y resaltar los libros que pasan por mi vida, va a nutrirse en los próximos meses de títulos sugerentes, de autores cubanos que Rodolfo tuvo a bien poner en mis manos.
En lo personal creo que las buenas acciones se agradecen. Creo además en la continuidad de las buenas acciones: a una, otra. Gracias Rodolfo. Regalaré, a cambio, a ti y a los autores, y a todo el que quiera leerlas, mis palabras, lo más mío que puedo regalar.

 

Sindo cuenta en kontARTE

Por mucho tiempo estuvo en la peligrosa categoría de “Los Mas Buscados” en el librero de mi cuarto. Por mucho tiempo fue lectura obligada entre mi círculo de amistades. Y por mucho tiempo también sus palabras eran plagiadas y arracadas de contexto para protagonizar otros, mas o menos relacionados. Conocí a Sindo -Gumersindo entonces- por María Virginia, y a ella por mi mama, que cada fin de semana llegaba con un libro nuevo.  Ricardo me abrió los ojos a la grandeza que se extiende mas allá del pueblo y por primera vez concebí el viajar como una realidad que podía hacerse posible y no como  un concepto difuso en mi cabeza, viajante por naturaleza. Ha pasado a la historia en mi grupo de amistades el bailar con movimientos monocordes como Mariano Jesuson. Y es para mí el mejor y mas claro ejemplo de que lo que dicen de la felicidad, que no es el destino sino el trayecto es puramente cierto.

Recientemente conocí a Sindo y no lo podía creer. No se si el sabe cuan querido es, pero espero ayudarlo a entender. Le ofrecí konARTE para que cuente sus historias y me mandó dos. Y medio que le pedí permiso a Ernesto G., su anfitrión literario número uno, para publicarlas (con esta gente famosa es mejor no caer en desgracia, una foto fea en un video de YouTube y uno no levanta cabeza mas nunca!!). A continuación publico una, EL CUENTO DEL HUECO, por el que Greity lo conocía desde Cuba y que fue tema de conversación aquel día en que nos conocimos.

Sin mas preámbulo, aquí va…de Sindo, por Sindo y en kontARTE.

Les agradecería amigos que lo lean y que dejen sus comentarios. ¡GRACIAS!!!!!!

EL CUENTO DEL HUECO

Berto se mecía en su sillón, como hacía todas las noches durante los últimos años, cuando vio al borracho que dobló frente a su casa, dando bandazos de un extremo a otro. Sólo entonces se acordó del hueco. Aquel trozo de vía tenía un hueco. La tapa de la alcantarilla había desaparecido con la última inundación, dejando la boca negra y acechante, y camuflada por el escaso alumbrado.

Inicialmente Berto quiso advertir aquel peligro, pero luego empezó a concebir la caída del hombre, a desear el resultado, mirando cómo se acercaba más al orificio, con aquella especie de aversión que sentía por los borrachos, hasta que lo vio desaparecer tragado por la tierra.

Berto esperó un rato, pensando verlo salir de la negrura, despachando maldiciones y juramentos; pero transcurrió un tiempo razonable, y el hombre no daba señales de vida. Sigue leyendo