Despedida

Por kontARTE

Amigos de kontARTE:

No es casualidad, ni falta de inspiración, ni descuido quizás, que hace ya más de tres meses que no hemos publicado nada nuevo. Los proyectos, buenos y malos, así como las ideas, están en constante transformación y evolucionan o simplemente cambian para darle vida a otros nuevos.

No es sino con un poco de tristeza y mezcla de emociones de todo tipo que queremos comunicarles que kontARTE dejará de existir. Esta aventura de ya casi cuatro años ha sido inmensamente reconfortante para nosotros y agradecemos a cada uno de ustedes por haber compartido y apoyado esta experiencia.  EstoPuente y imagen de kontARTEs no-escritores no se retiran – ¡ni piensen que se van a escapar de la tortura de leernos!- ¡La cosa sigue!

Gracias miles otra vez por haber estado, por seguir estando y por haber hecho de esta su casa por tanto tiempo.

Algunos nuevos proyectos ya están saliendo a la luz. Échenle un vistazo haciendo click en: michaelsixto.com

Otros muchos vendrán.

Un abrazo,

Zahylis y Michael

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El “Volver” de Marianne

Existe una costumbre que mi prima Dayme llama “Regalo de Jueves” y de la que yo suelo acordarme todos los días excepto el bendito jueves. Cada jueves, sin falta, un “algo especial” entra a mi buzón de correo electrónico. Y ese algo que no espero, que es siempre mágico y siempre dice algo que quiero, debo o necesito escuchar, es algo que muchas veces termino compartiendo luego. Este regalo de Jueves me lo robo de ella y de la autora, a quien admiro y he aprendido a querer porque si, desde la pagina cibernética donde descubro su esencia, y lo traigo aquí, para compartir un “volver”  personal que es de cierta forma colectivo. Si te sorprendo, Marianne, ¡yo feliz! Dayme, gracias por ser escarabajo que no se cansa de escarbar y encontrar portentos.

Volver
Por: Marianne (El diario de Marianne)
Sabado, Octubre 15, 2011

En cierta medida, esta nueva ciudad donde vivo me sume en un letargo como el de esos días de verano en que habito un colchón drenada por el calor. El gran debate es cómo subsistir fuera de la ficticia burbuja del paternalismo que por años me amamantó. Pasé de ser hija y esposa, a madre y cabeza de familia en una economía de mercado que entró de sorpresa con un cercano cambio de localidad geográfica  bajo un mismo clima y otra estructura social.

Con cada regreso a la isla la conmoción pulula. Para el primer viaje, hice planes minuciosos de charlas hasta bien entrada la noche tratando de cubrir una ausencia de tres años. La realidad fue sorpresiva. Unas horas después de haber pisado tierra entendí cabalmente que ya no podía vivir en aquel Macondo y que ese pedazo de tierra al que pensaba volver después de retirada ya no sería mi hogar. Aunque luchaba internamente por adaptarme a un nuevo régimen de vida, el que me acompañó durante veintiseis años me resultaba radicalmente ajeno y me hizo reconocer el nuevo como permanente. Ese fue el primer encontronazo. ¿Adónde van a parar cinco lustros que armaron mi espíritu?  Mis padres decidieron quedarse en la villa para cuidar a los suyos cansados de llevar sangre migrante en las venas y luego se les hizo muy tarde para volver a empezar. Se resignaron a ver partir a sus hijos quedando el nido vacío. Los amigos dispersos por el mundo, salvo algunos pocos que no pudieron escapar o se acomodaron a ciertas prebendas sórdidas que acallan el ser.

En la isla, el tiempo vive detenido. Despierto a las siete de la mañana a tomar un café y sentarme en el portal a ver pasar las mismas caras. La imposibilidad de compra y venta de casas, sepulta a las personas en domicilios que se han agenciado. Los vecinos te abren la verja de la casa sin invitación previa y te plantan un beso sonoro en las mejillas-“Estás igualita, tú no engordas”. No acabo de entender por qué asocian primer mundo con adiposidad. Me preguntan de mi vida y trato de explicarles cómo funciona, intento ilusorio, hay experiencias que no son palpables sino en la piel. Es como las parejas que van a contarle al cura sus problemas matrimoniales. ¿Qué entiende ese señor  de dinámica de pareja, de cuentas compartidas, de frialdad sexual por tensiones múltiples?

Los recuerdos de mi crianza me levantan en vuelo. Leo en mi lengua materna, los días se alargan para que devore un libro tras otro rememorando los años en que nadie me esperaba y la lectura dictaba mi agenda.   La isla me apapacha de la mano de la cocina de mi madre, vuelvo a ser la niña de la casa. Las horas transcurren recostadas en su cama escuchando conciertos de piano. Cada viaje supone un cotejo de fuerza moral. Creo que la distancia la embarga con el temor de la cercanía de su trayecto luctuso y que le queden historias por desentrañar. Animo a mi padre a meternos al cuarto de la terraza para buscar libros y vinilos para traerme a mi nuevo hogar. Me cautivan los estantes depositarios de bienes de abolengo traducidos en páginas amarillas de impresiones baratas y portadas encuadernadas resistiéndose al paso excesivo de los años y el uso desmedido. Mi abuela se refería a esa habitación como el cuarto de la doméstica, reíamos con su arrogancia de provinciana acomodada. En realidad era el cuarto de Nila que venía de lunes a viernes a cocinar y limpiar. Los sábado eran de almuerzos en el 1830 y los domingos se alternaban entre “Las Ruinas” y las mediasnoches que mi abuelo acompañaba con café con leche pasadas las seis y media de la tarde. Mi padre adoptó a Nila como un familiar más y aunque ya no estaba en casa para la época en que comencé a hacer mis recorridos habituales por la cocina, el aroma de sus guisos y la jarana de mi padre llegaron a mi vida con una frescura de cascada. Después de la muerte de mi abuela mi padre convirtió la habitación de Nila en custodio absoluto de su mejor tesoro: los libros.
Los libros estuvieron en mi vida desde que tengo uso de razón. Mis padres hicieron el apartamento de mi madre su morada cuando comprendieron que vivir con mi abuela sería una faena humanamente imposible. Debido a lo reducido del espacio las paredes se llenaron de repisas acopiando libros y hasta en el cuarto de baño teníamos un librero. Recuerdo que aprendiendo a leer en primer grado pasaba más minutos de lo previsto en mi aseo descodificando títulos en los tomos de los libros hasta que el grito de mi madre me llamaba a cenar. En aquella época había un volumen amplio que tenía un matiz misterioso para mis seis años pues no lograba imaginar de qué trataba ese libro que volvía una y otra vez a la mesa de noche de mi padre y que mostraba a grandes letras “La Civili Zación Maya”.

Otro rito obligado es mi paseo por la parte “vieja” de la ciudad. Los sábados en la tarde eran “días de ir a la Catedral”. Mi madre se perdía entre los artesanos buscando sandalias y bolsos de piel en lo que mi padre nos daba a mi y a mi hermana una visita dirigida a cuanto museo y calle se le pusiera delante. Durante mis útimos dos viajes mi padre se ha resistido a esas caminatas así que me he ido con mi madre que siempre se entusiasma con la idea de comprarle a los vendedores que rodean La Plaza de Armas y recurre a ellos buscando para su nieta libros infantiles con ilustraciones magistrales que son difíciles de conseguir. Me gusta caminar por callejones poco transitados y tomar fotos de gente real sin afeites de promoción turística.

La villa es seductora. La brisa marina y la luz tropical realzan las edificaciones que caen a pedazos. Las ruinas aún se imponen contando historias de una heterogeneidad a ratos déco, ecléctica o nouveau. Este viaje hice algo inusual, caminé por el Paseo del Prado hasta llegar al mar. La similitud con mi caminata por Las Ramblas el verano anterior fue conmovedora. Recuerdo haber caminado desde el mar adentrándome hacia la ciudad pero en esta ocasión el recorrido a la inversa ofreció un panorama completamente diferente, saliendo de la sombra de los árboles y una urbanización en forma de chaflán por una vía que conduce a la anchura del mar.

La despedida es siempre aciaga. Vuelvo a sentir que privo a mis padres de lo mejor, vuelven sus miradas perdidas, como un acto que queda inconcluso.

Sindo cuenta en kontARTE

Por mucho tiempo estuvo en la peligrosa categoría de “Los Mas Buscados” en el librero de mi cuarto. Por mucho tiempo fue lectura obligada entre mi círculo de amistades. Y por mucho tiempo también sus palabras eran plagiadas y arracadas de contexto para protagonizar otros, mas o menos relacionados. Conocí a Sindo -Gumersindo entonces- por María Virginia, y a ella por mi mama, que cada fin de semana llegaba con un libro nuevo.  Ricardo me abrió los ojos a la grandeza que se extiende mas allá del pueblo y por primera vez concebí el viajar como una realidad que podía hacerse posible y no como  un concepto difuso en mi cabeza, viajante por naturaleza. Ha pasado a la historia en mi grupo de amistades el bailar con movimientos monocordes como Mariano Jesuson. Y es para mí el mejor y mas claro ejemplo de que lo que dicen de la felicidad, que no es el destino sino el trayecto es puramente cierto.

Recientemente conocí a Sindo y no lo podía creer. No se si el sabe cuan querido es, pero espero ayudarlo a entender. Le ofrecí konARTE para que cuente sus historias y me mandó dos. Y medio que le pedí permiso a Ernesto G., su anfitrión literario número uno, para publicarlas (con esta gente famosa es mejor no caer en desgracia, una foto fea en un video de YouTube y uno no levanta cabeza mas nunca!!). A continuación publico una, EL CUENTO DEL HUECO, por el que Greity lo conocía desde Cuba y que fue tema de conversación aquel día en que nos conocimos.

Sin mas preámbulo, aquí va…de Sindo, por Sindo y en kontARTE.

Les agradecería amigos que lo lean y que dejen sus comentarios. ¡GRACIAS!!!!!!

EL CUENTO DEL HUECO

Berto se mecía en su sillón, como hacía todas las noches durante los últimos años, cuando vio al borracho que dobló frente a su casa, dando bandazos de un extremo a otro. Sólo entonces se acordó del hueco. Aquel trozo de vía tenía un hueco. La tapa de la alcantarilla había desaparecido con la última inundación, dejando la boca negra y acechante, y camuflada por el escaso alumbrado.

Inicialmente Berto quiso advertir aquel peligro, pero luego empezó a concebir la caída del hombre, a desear el resultado, mirando cómo se acercaba más al orificio, con aquella especie de aversión que sentía por los borrachos, hasta que lo vio desaparecer tragado por la tierra.

Berto esperó un rato, pensando verlo salir de la negrura, despachando maldiciones y juramentos; pero transcurrió un tiempo razonable, y el hombre no daba señales de vida. Sigue leyendo

HOY

Hoy descubrí que una prima mía, con quien me  reencontré hace poco gracias a las propiedades invasivas de Facebook y la buena voluntad de una amiga común, escribía una sequencia, en números romanos, de historias tituladas “HOY.” Y me gustaron sus “HOY” porque  si nos detenemos a pensarlo, cada hoy es diferente, único, particularmente especial, aunque muchas veces estemos demasiado ocupados para notarlo. Con su permiso me robo pedazos de “HOY” para este hoy de kontARTE. (Creo que lo hubiera hecho hasta sin permiso tambien) ¡Gracias Dayme!

Por Dayme Garcia

Hoy I

Hoy todas mis amigas me dejaron sola y no tuve otra opción que sentarme a almorzar conmigo. Me dispuse a sacarle provecho a la situación y que la misma soledad me ayudara a plasmar todas estas ideas fugases que hoy siento y que por momentos vivo. (…)

Hoy II

Hoy pienso que mi otra mitad necesita, debe seguir persiguiendo musas. Debe poder seguir teniendo alas para levantar vuelo e irse lejos. Si no, morirá a cocotazos de realidad. Siempre manteniendo esa dualidad en control, por supuesto. Hoy debo explotar todos mis talentos. Mejorar en esas pasiones que me persiguen. Conocer…aprender.

Hoy me urge ver a mi padre. El es como el eslabón perdido en mi vida. La pieza faltante del rompecabezas. (…)  Hoy aspiro a aprender de él. Y que sus conocimientos y pasiones no se los lleve solo a su tumba. Que lo que me transmita pueda pasar de generación en generación y se vuelva una cadena que se extienda con los años. Hoy sueño con mirar por su ventana, recostarme en su colchón, sentarme en el piso frio  y sentir su olor. Hoy creo que busque su rostro en cada enamorado que tuve.

Hoy III

Hoy tengo deseos de hacer los viajes que no se si algún día hare. Hoy quiero ser libre con ataduras. Hoy deseo tener uñas de bruja, y ser como soy. Hoy quiero ser la novia de aquel escritor frustrado. Aquel que llevaba pelo largo con hilos de plata. Amante de aquel viril poeta que por el día me llevaba hasta Barden, y en las noches se colaba en mi cama como el Conde. Aquel que me desnudo con su pensamiento. Hoy recordé al fantasma que le hice el amor en una noche de verano de un año que aun no llega. Hoy quiero ser la viuda de aquel pintor sin alas que se posaba solo en la noche. Hoy evoque al soñador que soñaba conmigo durante el día y en las tardes me abandonaba para correr a los brazos de su esposa. El siempre me dejaba sola entre todos. Hoy también recordé al policía seco de tanto amor que no me dio. Al marinero que solo se quedo en mi puerto por un mes. Y al Diego Rivera con el que espere mi primer amanecer en una playa desierta  bajo una luna muy llena.

Hoy también recordé a la mariposa que con un breve pero hermoso aleteo de sus labios, me atrajo y con la misma voló lejos de mí. Hoy pensé en el hombre grande y fuerte como Goliat que nunca me abandono durante mi niñez. Aquel que todo su amor me dio. Aquel que llore hasta secarme. Aquel por el que rogué me dejaran  volver. Aquél hombre que ame con mi vida. Aquel del que nunca me despedí. Llame al rastafari aquél que no me di la oportunidad de conocer. También me acorde del cartero que cada tarde me traía cartas de mi príncipe azul, que de tanto esperar mi regreso se torno morado. El que solo se cerró la puerta. El que se condeno a una soledad eterna. Hoy me alegro de la actuación que desencadeno esa decisión. Hoy siento alivio que habite en mi presente con su amor podrido solo por situaciones obligatorias. Hoy deseo seguir muriendo de vez en cuando porque la muerte me hace renacer cada vez mejor.

Hoy IV

Hoy deseo ser la mejor mama del planeta. Que mis niños sean personas de bien. Muchachos de buenos sentimientos.(…)Que tengan muchos críos y que visiten a la abuela frecuentemente. Hoy deseo que logren todo lo que yo no lograre. Que viajen y sean muy felices. Que siempre regresen a casa. Que no olviden a la vieja que los ama con todo su ser. Que me lleven de la mano como un día los lleve yo cuando eran pequeños e indefensos. Que me recuerden  en el día de mi nacimiento y no el de partida.

Hoy quisiera entrar a la escuela de arte. Hacerme pintora o bailarina. Terminar  todos los albunes que ya empecé y los que  aun no empiezo. Hoy quiero correr una milla sin parar. También desearía esperarte en el muelle de San Blas. Hoy añoro recibir muchas cartas y postales de amigos lejanos. Hoy quiero cocinarle un buen potaje de chicharos al esposo que no tengo. Hoy se que debo tomar más agua para ayudar al funcionamiento de mis riñones. Hoy creo que un día de estos visitare el cementerio aun estando viva.

Hoy agradezco a la vida por los amigos que son y los que fueron. Hoy extiendo este lápiz para decirles que los quiero mucho. Que deseos tenerlos conmigo siempre. A aquellos que hoy ya no están en mi vida, y que quizás nunca lean este mensaje: Los llevo atrapados en mi diario respirar. (…) Hoy los sigo queriendo con heridas latientes y también sin ellas.

Hoy, no se mañana que me dicte la soledad. Pero hoy creo un poco más en mi.

Opinión

Por: Michael Sixto

La verdad es que sé de mucha gente rara. Personas que caminan por callejones oscuros cuando en realidad aman la luz, aun así lo hacen. Esto de observar, por dentro y por fuera, para luego escribir es trabajo difícil. Aquí no se hace justicia. Las cosas quedan mejor en blanco y negro y cuando regalamos algún que otro matiz siempre corremos el riesgo de asustar a los lectores. Cuesta trabajo justificar. A veces quisiera inventarme historias en las que mis personajes no se parezcan a mí o a esa gente rara de las que hablo. Sería tan sencillo hablar de lugares distantes después de ver un video en YouTube y olvidarme de la cara pálida y triste del cartero, o simplemente no tomar en cuenta esa generación de padres nuestros (los baby Boomers cubanos) traumatizados todos con aquello que no fue, pero que pudo haber sido. Me cuesta trabajo reconocerlo, pero estoy seguro que están todos locos, locos de verdad. Una mujer que conozco me dice que no quiere hombres a su lado, después se va al mall  a regalarse terapia de compra cuando descubre lo sola que está. Regreso del trabajo y el vecindario me recibe con silencio, siempre con silencio. Creo que por alguna razón la mayoría prefiere callar pero casi siempre se molestan cuando paso desapercibido sin saludar. Esas contradicciones me hacen dudar la racionalidad de las personas. Yo solo escribo lo que veo, lo que me invento, y trato de no opinar. Es complicado opinar.  

Soledad y compañia

El Club de los que cuentan en kontARTE se complace en presentar  un viejo miembro que por razones inexplicables se le resiste a su musa la mayor parte del tiempo. A veces, en batalla campal, su musa la vence, y entonces no le queda mas remedio que rendirse y admitir su derrota. De momentos como esos salen imágenes y palabras que son el mejor ejemplo de capitulación que pudiera dejarse a su historia. Los dejo acompañados de mi hermana Monica Marino y Soledad.

Por Monica Marino

Soledad era una chica común y corriente. Cuando nació sus padres ya tenía planeada toda su vida. -Ella tendrá un brillante futuro- comentaron en cuanto la vieron. Soledad nunca tuvo oportunidad de saber quién era ni lo que quería. Su vida había sido perfecta desde que se acordaba, hija y estudiante modelo, adorada amiga, amada hermana. Se levantaba cada día y hacia las mismas cosas, subía y bajaba las mismas escaleras, hablaba con las mismas personas y se reía de las mismas idioteces. Su vida transcurría de rutina en rutina. Una mañana Soledad se despertó sobresaltada; había tenido un sueño muy extraño que no recordaba. Tenía una sensación extraña en el pecho que no la dejaba respirar. Corrió al baño y se lavó la cara. -¿Quién soy y qué es lo que quiero?- se dijo Soledad mirándose al espejo. Y en ese preciso momento comprendió que toda su vida había hecho todo lo que otros querían que hiciera. Había cumplido más de 25 años y no había vivido ninguno. -Esto es lo correcto… y esto no- le decían sus padres una y otra vez. Nunca había tomado ni una sola decisión… ni una sola. Ahora Soledad se sentía atrapada y no podía respirar. -Tengo que salir de aquí- dijo y se fue corriendo sin mirar atrás. Necesitaba respirar aire puro. Abrió la puerta de la calle y… allí estaba… el amor. ¡Amor!
Hacía ya algunos años Soledad no quiso ir tras el amor. No era correcto…se lo habían advertido muchas veces sus padres. Pero esta vez era diferente; Soledad estaba cansada de ver, desde una prudente distancia, como se amaban los demás. Ver los besos, los planes, los compromisos, y la felicidad ajena. Esta vez quería poder aferrarse a la pasión que veía en otros, al deseo, y las ganas incontrolables de sentirse viva. -Pero… ¡esto no es lo correcto!- recordó. Había que estudiar y ser buena hija y hermana…eso era lo más importante. Y lo era en verdad, pero sólo que por un momento, por un instante sólo, Soledad quería ser ella misma sin importar nadie más en el mundo. -¿Y si muero mañana?- pensó. Y  así fue como Soledad, a medio camino entre su vida perfectamente ejecutada y su nueva hambre de vida, dejó abierta la puerta a modo de prueba quizás…para ver que podía pasar. El amor no tardo en entrar y Soledad, sin quererlo y queriéndolo más que a nada en el mundo, olvidó por unas horas todo en lo que creía. Pero, como nada dura para siempre, otra vez tendría que dejarlo marchar. -Es mejor que te vayas- le dijo. Definitivamente, esta dulce desazón de sus sentidos no era lo correcto. ¿Que pensarían sus padres, sus amigos y sus hermanas si se enteraran? Seguro pensarían que Soledad se había vuelto loca. Todo era consecuencia de aquel momento de flaqueza en el que “olvidara” cerrar la puerta. Si, aquella maldita puerta que “por error” había dejado que el amor entrara. Al parecer ese era su destino, Soledad debería hacer lo correcto una vez más. -Así tiene que ser; esto es lo mejor- se dijo a sí misma. -Estaré bien, ¡seguro!- Nadie tenía por que enterarse. Este sería su secreto, solo suyo.
Fue entonces cuando el amor le dijo -¡Te quiero!-. Soledad quedo inmóvil, pálida. -¡Me quiere!- pensó – Esto…, ¿lo cambia todo? ¿Qué es lo que realmente quiero? ¡No! ¡No y no! Tengo que ser fuerte. ¿O no? ¿Y si…?- Soledad sabía todas las respuestas, ¡oh sí!  las sabía. Y además sabía lo que tenía que decir, pero tenía miedo de decirlo en voz alta, más que miedo Soledad tenía pánico de hablar. Así pues no pudo decirle al amor, ¡quédate! Habría querido, pero no salieron las palabras de su boca. Si el amor leyera mentes habría sabido que pensó -Amor, yo también te quiero. Quédate. Si te vas muero-. Pero el amor solo es amor, no lee mentes. -Habla conmigo- le dijo al ver que Soledad no reaccionaba. Pero Soledad solamente pudo decir: -vete.  Y así, una vez más, lo dejo escapar y esta vez sería para siempre, porque ¿qué amor regresaría una vez más? Sin importar cuantas puertas “olvidara” cerrar en el futuro, el amor jamás regresaría. -Así tiene que ser, eso es lo mejor!- se dirá día tras día mientras le quede un último rastro de sentimiento en su interior. Porque el amor, definitivamente, no es para Soledad.

Hay cada caldos que hablan solos…

Para alguien que solo entraba a la cocina a tomar agua, mi amiga Jeilyn se ha convertido en toda una experta en materia de caldos, caldosas y ajiacos. Cocinar fue una metáfora en su vida hasta el día que se casó y paso a convertirse en una cocinera profesional de spaguetti. Por eso, porque la conozco “de atrás” fue que me quedé con la boca abierta cuando hace unos días me mandó esta reflexión culinaria para mi gusto, de cinco estrellas.

Sencilla y profunda, con un sabor y un puntico suave y sumamente interesante, esta reflexión te deja en mi opinión ganas de seguir comiendo. Aquí va. De amigos a amigos.

Por Jeilyn Morejon

Hoy cuando llegué a la casa y vi a mami cocinando otro caldo, le comenté que últimamente le había dado por hacernos probar todas las variedades de su linea. La observé un poco y  luego fui a bañarme. Cuando estoy sola pienso en las cosas relevantes del día: la internauta historia de un niño millonario me hace pensar inexorablemente en la autora y desencadenar una serie de buenos recuerdos. Cuando termine de repasar recuerdos ya me estaba secando y me quedaba poco tiempo a solas. De pronto lo vi todo claramente, la teoría estaba ahí.
Como si la viera por medio de una cinta de video, mami revolvía un caldero con un cucharón y como el ratón Pérez pescaba para probar. Pues sí, todos, absolutamente todos  somos cocineros. Sin excepción preparamos un bullón de caldosa. Claro está, cada quien con su propio estilo. Por eso no a todos la vida nos queda tan sabrosa.
No obstante, el empeño por mejorar el cocido nos lleva a experimentar. Casi constantemente agregamos nuevos ingredientes, sin embargo no siempre los que queremos y sí los que están a mano. Sucede que la especia más insignificante podría ser la solución perfecta para el momento. De nada sirve dejar de revolver porque se pega; las soluciones son por lo general momentáneas: si está demasiado cuajado hay que agregarle agua. ¿La cantidad ideal? ¿Quién puede saberla? De ahí provienen los desbalances que sentimos… las alegrías y sufrimientos.
Lo mejor, todos estamos unos al lado de los otros, locos por probar la caldosa más cercana, luego otra y otra, no más por saber si el “vecino” es mejor cocinero o para tratar de descubrir qué agregar para mejorar su pócima. Aunque la mayoría de las veces lo neguemos, la mayoría de las veces nos desvivimos porque nuestro caldo esté óptimo para cuando nos toque brindar la degustación. Encontramos rápidas justificaciones para enfrentar criticas o culpas que puedan estar acechando, sin darnos cuenta que por más que nos esforcemos solo podemos cocinar para nosotros mismos, a menos que conozcamos muy bien el paladar del catador. Porque claro esta, siempre guardamos un ingrediente secreto para comensales especiales.
Los componentes de la vida son los mismos para todos: viandas, verduras, vegetales, carnes. Unos prefieren los tubérculos, otros las fibras, los huesos…Cada quien regula las proporciones a su manera.
Un análisis final, tu bullón no puede bajarse del fuego, esa llama es tu corazón; tu caldo nunca estará del todo listo. El humo a veces no te dejará ver con claridad y se hace más fácil mirar el caldero de al lado, porque mientras más lejos menos te expones al daño de las salpicaduras.
No hay mejores cocineros, ni rangos, ni dominaciones. Solo nosotros clasificamos los resultados según nuestros criterios, evocando la más primitiva de las necesidades: alimentarse. Teniendo en cuenta las categorías nos acercamos o alejamos de las proporciones de los demás.
Nacer es el acto mediante el cual los progenitores te encienden un fuego, te plantan un caldero delante, agregan un poco de sus caldos, y lo demás queda de tu cuenta. He ahí la peor parte: tu no escoges el caldo base. Mejorarlo, mantenerlo o arruinarlo es el equivalente a continuar exhalando e inhalando cada día.