Juzgado (ada)

Por Zahylis Ferro

No tengo mucho que decir en mi defensa salvo que tampoco tengo mucho que decir en mi contra. Soy una mujer de pocas palabras. Me regalaste un cuento. Un libro. Unas canciones. Una hoja de libreta rayada repleta hasta los topes de frases extrañamente coherentes. Un lapicero sin tinta. El olor de la tinta gastada sobre la ropa. La seguridad de que sobraba tinta y sobraba ropa y era mejor dejar las marcas del lapicero sobre la piel, en los sitios donde el sol no quemaría las palabras. Un puñado de cartas que no me cabían en las manos. Una, y otra y otra sonrisa. Una y otra y otra emoción. Luego un mural para que lo embadurnara con esa mezcla de trazos que solo nosotros entendíamos. Palabras al azar pintadas con creyón de labios rojo. Espuma de palabras no dichas trepando los azulejos del baño, dejando toda suerte de proclamas entre el humo y la humedad compartida en un solo cuerpo.
Yo, mujer de pocas palabras al fin, quedé turbada ante tanta palabra con alas. Lo triste de las alas es cuando alzan vuelo, todas al mismo tiempo, como pájaros que un segundo antes de teñir de aletazos el cielo eran figuras inmóviles sobre el alambrado. Algo sórdido hay en la forma en que se van, algo cruel…
No voy a mentir. He silenciado las palabras. Y he hecho de su silencio mi cacería de brujas. Las busco, las atrapo, las sepulto en cajas que amontono en un rincón del garaje. “Aquí yacen las que un día dieron de que hablar,” reza la lápida que he improvisado para ellas. Lo sé, es mi culpa que no vuelen libremente las palabras. Las veo retorcerce en un charco de desidia y me regocijo para mis adentros. No las odio. Las resiento. Y por eso no puedo culparme. Juzgueme usted si quiere. Al final una palabra borra otra y no entiendo cual es el gran problema si de palabras y no de acciones esta repleto el mundo. Juzgueme, pero creame que puede pasarle un dia cualquiera. A cualquiera de nosotros.
El exceso cruje a lo lejos. Escuche bien. Aún me pregunto porque no solo desecho las palabras, pero hay algo extrañamente adictivo en mantenerlas vivas. Eso si, ya no intento hacerlas mías. Las palabras complacientes no son de nadie.

Anuncios

15 pensamientos en “Juzgado (ada)

  1. Querida Zahy,

    Como preludio de un beso, le dije a alguien una vez: “Las palabras sobran”… Y luego me lancé al vacío de sus labios… Seis años después, con unas cuantas lágrimas menos y un centenar de sonrisas de más, mantengo lo dicho aquella noche de octubre: “Las palabras sobran…” (Aunque a veces, nos faltan los hechos.)
    Besos miles. Muy buena historia 🙂

    • Linda, adoro cuando una historia genera – o recuerda- otra historia. Gracias por usar las palabras precisas…y dejar a un lado las que sobran…a fin de cuentas…hay besos que lo dicen todo!!! Un abrazo para ti.

  2. “Yo, mujer de pocas palabras al fin, quedé turbada ante tanta palabra con alas. Lo triste de las alas es cuando alzan vuelo, todas al mismo tiempo”. ..Tiene esto la forma de un discurso airado Zahylis que te queda cómodo, encuentro en este lenguaje un desenfreno del “genio” que habita esa lámpara grande de la palabra que eres, (no de milagros) porque no hay milagros en la literatura, hay oficio y eso es lo que logras cuando te leo, acomodamiento pleno en la palabra. Gracias

    • Wow, Adalberto, GRACIAS!!! Tus palabras siempre son apreciadas asi como tomadas en cuenta. Si te suena bien…pues me doy por super satisfecha… porque quiere decir que suena!
      Abrazos a ti y a Kathy

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s