Lluvia

Por Michael Sixto

Afuera llueve. Llueve tanto que como muchos, me he convertido en lluvia. La transición ha sido lenta. Mi cuerpo material  densamente se ha ido transformando en fluido incoloro. He perdido consistencia. Desde hace un tiempo reposo en un recipiente traslúcido al que me he confinado. Soy totalmente líquido. Soy feliz. Desde la ventana siento (no veo porque ya no tengo ojos) la lluvia caer. Deseo unírmele. Fundirnos en un empapado intento de llegar. Me imagino corriendo calle abajo, libre, zafado, despreocupado hasta el cansancio. La lluvia embarra el cristal de la ventana con inmensas gotas que no dejan de incitar. Ellas saben que estoy ahí, a la expectativa. De alguna manera perciben mi desespero. El viento cómplice destroza el vidrio. Me balanceo repetidamente. Me escapo del recipiente que termina hecho añicos en medio de la acera. Logro notar el frescor que me abraza, la lluvia me muestra el camino. Sin vacilar nos hacemos uno. La tierra mojada nos recibe y nos deja ir. La promesa es el mar. En mi paso siento estruendos de cristales rotos. Muchos más se nos unen. La gente ha dejado de ser. La metamorfosis es irreversible. Si tuviéramos extremidades andaríamos todos abrazados. Somos un mar de gente sin cuerpo rodando calle abajo. Sigue lloviendo. Llueve desde arriba y desde abajo. Desde todas partes llueve. El mundo es un lugar mojado justo como antes fue. Hemos llegado a los inicios, que es el final.

Afuera llueve. Llueve tanto que como muchos, me he convertido en lluvia.

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