Días de Isla, días de Encanto

Por Zahylis Ferro

Después de una ardua labor de sumar, restar, multiplicar y dividir, finalmente echamos a rodar la ruleta para decidir, al azar, donde posar el vuelo este verano. Y así, medio por casualidad, medio que influenciado por factores externos y medio que alterando levemente el recorrido de la ruleta, fue que empacamos tres carry-ons en un dos por tres y emprendimos un vuelo corto cerca del sol para aterrizar, con una energía nueva, en la isla del encanto.

Puerto Rico tricolor

Puerto Rico se reveló ante nuestros ojos en una mezcla tricolor de red-white-and-blue el 4 de julio, en plena algarabía de fuegos artificiales y banderas de celebración, decorando un cielo que media hora antes parecía estarse cayendo a pedazos en un aguacero torrencial que se rompía contra el suelo, con la misma furia con que, en el mar, rompían las olas contra los muros de piedra que contienen la historia de la cuidad. Puerto Rico celebraba la liberación de America, inmersa en un despliegue de idiosincracia mixta e identidad encontrada,  prevaleciente y auténtica. Sin ánimos de egocentrismo, no creo que hayan habido muchos espectáculos de fuegos artificiales mas románticos en el país: bajo el chin-chin de una lluvia muy fina, con el sonido arrasador de una mar enérgico de un lado y la semipenumbra tenue de otro que hacía resaltar las siluetas de unos pedazos erguidos de pasada colonización, el cielo se rompía en una lluvia de colores sobre la laguna inerte. No todo fue color de rosas por supuesto. Mia, para quien el volumen de las cosas tiene que estar siempre mas alto de lo normal, decidió que los fuegos no eran fuegos sino un “tremendo bum-bum que no la dejaba oír” y hubo que lidiar con sus protestas como música de fondo. Ya antes había creado su propia piscina en la habitación, desbordando la bañera y mojando todas -todas- las toallas,  y como en ese episodio ya habíamos agotado la retahíla de regaños del día, nos limitamos a dejar la música de fondo, en el fondo, y no interferir con la creación de la artista.

McDonald’s o los McDonald’s de Mayagüez

Conducir de San Juan a Ponce, atravesando la isla, y luego de Ponce a San Juan bordeando la costa oeste, hubiera tomado el mismo tiempo que un viaje de Miami a Disney World de no ser por las paradas en el camino. Hubiera tomado el doble de tiempo, claro esta, de haber hecho buen tiempo, porque entonces hubiéramos duplicado también las paradas intermedias, pero el 5 de julio Puerto Rico amaneció y anocheció pasado por agua.

Una simple parada de rutina en un McDonald’s en Mayagüez  -el poder entretenedor del juguete del happy meal no falla- se convirtió en una experiencia publicitaria  interesante. Ya nos hemos acostumbrado a las compañías que quieren ser todo para todos, y venden desde la A hasta la Z sin especializarse en nada. McDonald’s, por supuesto, esta en ese barco, sirviendo no solo la tradicional comida rápida, sino ademas un variado menú que incluye helados, batidos, ensaladas, y ahora también café. Los McCafé no son noticia. Lo que si fue interesante, al menos para nosotros que no lo habíamos visto antes, fue el concepto de este y otros McDonald’s en Mayagüez que vimos a distancia, donde la sección del McCafé esta separada del resto de los productos, tomando posesión de un rincón completo del local a lo estilo “coffee place.” Las opciones no eran para nada limitadas: una buena variedad de lattes, frappuccinos, cappuccinos, expressos y demás, acompañados de un amplio surtido de dulces finos, pasteles, postres, y hasta tres o cuatro tipos de cheesecakes. ¿Se esta McDonald’s adentrando también en el mercado del café, de no solo servir café pero de querer crear una atmosfera para recrear el ritual del café? No sé. Como ya dije, no lo habíamos visto antes. Quizás es un experimento de mercado u otra “adaptación” puertorriqueña a un concepto continental. En cualquier caso, el café estaba lejos de impresionar. La parada, el ambiente, y por supuesto, el juguete, si valieron, y mucho, la pena.

Un viejo San Juan como una Habana nueva

Nos lo habían advertido: San Juan es como la Habana. La verdad, lo es. Es como La Habana que La Habana hubiese sido de no ser lo que es. Es una cuidad nueva construida sobre una cuidad vieja, donde la historia no se circunscribe a los museos sino que se exhibe en las calles, en las avenidas empedradas, en las puertas, las ventanas, los horcones y balcones del siglo pasado, en las plazas y parques que te encuentras en cada esquina. Y allá, a lo lejos, también al doblar de cualquier esquina, el mar, testigo imparcial del paso del tiempo.

San Juan tiene un encanto que cautiva, un romanticismo poco pretencioso que esta por todas partes y al mismo tiempo es difícil de señalar con un dedo. Al contrario, no sobran los dedos ni las manos para empezar a enumerar sensaciones. Habitada por gente extremadamente amable, donde los niños no solo eran tolerados sino que auténticamente tomados muy en serio, San Juan y el resto de los sitios donde nos detuvimos, tiene la calidad humana de isla Caribeña que tanto se hace extrañar. ¿Vivir en San Juan? ¡Al menos para nosotros, del todo posible!

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9 pensamientos en “Días de Isla, días de Encanto

  1. Nena, que t puedo decir despues de este hermoso post? ! Welcome back! I missed you mucho …me ha encantado este texto puesto que ha sido un viaje a traves d tus palabras y prontamente a traves del lente d tu camara. Ya tengo deseos d conocer PR pero aun mas , d verte Besos muchos muñeca! Muas

    • Hola linda, fue un viaje super agradable. Me alegra un monton que te haya gustado este mini paseo narrado. Hay mucho mas para contar, asi como mas para ver…por mucho que se vea siempre falta tanto!!! Un abrazote

  2. Eres muy generosa Zahylis, regalas tres exquisitas crónicas de una vez. Pones los ojos en el lector y mueves sus sentimientos, lo haces viajar contigo o desear ese viaje. Le dan ganas a uno de visitar a Puerto Rico. Coincidimos en que San Juan es como La Habana Vieja en maqueta, pero todo arreglado. Bueno, casi todo, también está La Perla con su marginalidad y sus calles peligrosas. Esas ganas de vivir allí y la “calidad humana de isla Caribeña” es la misma sensación que sentimos. Claro, después pensamos en la pequeñez de San Juan, llegaría el momento en que uno se siente atrapado en ese mágico lugar, sabiéndose de memoria cada rincón. ¿Te imaginas?. Muy buena la descripción en Puerto Rico tricolor, en fin, las disfrutamos las tres. Gracias.
    Rodolfo y Eva

    • Un comentario de lujo. GRACIAS!!!! La verdad es que me gustaria conocer un lugar tan bien…saberme cada rincon de memoria…eso es algo que nunca he logrado en ningun lugar en el que he vivido…ni siquiera en mi pueblo campestre mucho, pero mucho mas chiquito que San Juan…En cuanto a La Perla….si para tener una vista al mar tan privilegiada hay que ser delincuente…pues que se le va a hacer…con mucho gusto!!!! jajajajaja.

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