¿Batido de papaya?

Por Zahylis Ferro

Crecí escuchando hablar maravillas de las propiedades digestivas de la papaya. Que si refresca el estómago. Que si es súper saludable. Que si esto y lo otro. Pero crecí, honestamente, sin encontrarle la gracia. Algo en la consistencia se me antoja raro y tiene un sabor y un olor que me da la impresión de estar comiendo algo medio podrido. Mi abuela y mi tía crearon un sello personal con el famoso dulce de fruta bomba con… (el con podía ser dulce de coco, rayado bien fino, que se camuflajeaba con el almíbar, o dulce de leche cortada, las famosas “borugas” color caramelo). Pero el requisito, para que “la niña” se lo comiera, era que la papaya estuviera verde, jamás madura y ni siquiera pintona. (No era malcriadez, señores, el dulce de fruta bomba verde es diferente al que se hace con la fruta madura, para mí mucho mejor).

Por estos días se me ha metido en el cuerpo el bichito de “comer saludable.” Ya conozco el bichito ese, usualmente llega, se me aloja en la cabeza y me obliga a pensar y “crear” platos lo más orgánico posibles. Lo malo es que el efecto tiende a durar poco y unas semanas después ya ando comiendo pan con bistec, grasosas papas fritas y batidos de chocolate. En esta visita al bichito le dio por la papaya.

Hacer un batido era el objetivo. Corté pedazos pequeños, los puse en la batidora y sabiendo que si lo hacía de papaya solamente no iba a poder sobreponerme a la repulsión de su olor y sabor y claro está, no lo iba a probar, me puse a pensar con qué otra fruta podía mezclarlo. A falta de todas las demás frutas posibles, a Michael se le ocurrió mezclarlo con jugo de mango. La idea me pareció genial. Llené el vaso de la batidora de jugo y abajo en el fondo se amontonaron los trocitos de papaya. El resultado fue el deseado, el jugo tenía sus “propiedades” milagrosas, ¡pero casi no sabía a papaya!

El inglés tiene una palabra que me encanta. Es sugarcoat. No es exactamente cubrir con azúcar como dice Google Translate que se traduce literalmente. El significado “figurado” de dorar la píldora le pega mejor. Hoy, mientras hacía mi batido de papaya con un 1% de papaya y el resto de mango, pensaba en cómo “sugarcoateamos” tantas cosas en la vida para sentirnos mejor. Parece que la verdad, pura y dura, es difícil de tragar, seguramente les sabe tan mal a los otros como a mí me sabe la papaya. Por eso la doramos, la adornamos, la disimulamos o la adaptamos, para hablar politically correctly. Lo más complicado de todo, es que al hacerlo definitivamente la digerimos mejor, y eso nos compensa hasta cierto punto la necesidad o compromiso que sentimos hacia eso que debemos, tenemos, es bueno para nosotros, pero no queremos hacer con regularidad. Hacer ejercicios es, en mi caso, un perfecto ejemplo. Es bueno, lo necesito, pero nunca ha sido algo a lo que le haya dedicado tiempo y no me atrae sobremanera. Siempre fui horrible en los deportes y quizás esa es la causa o el resultado de mi antideportivismo, pero en cualquier caso, hacer ejercicios es algo que quisiera hacer. Claro está, no lo hago, por varias razones, todas válidas por cierto. Tampoco, por ejemplo, tomo elevadores a menos que vaya a pisos del 6 para arriba. No por miedo, sino para ejercitar las piernas, ya que la mayoría de los días es el único ejercicio que hago. Y yo, que soy sincera conmigo misma, y hasta autocrítica de más, y tengo espejo en mi casa y no me gusta contarme cuentos para sugarcoat mis acciones, de cierta forma me siento mejor cambiando elevador por escaleras, aun sabiendo que ni todas las escaleras del mundo compensan las 8 horas que me paso sentada frente a la computadora del trabajo. Tapar el sol con un dedo, dorar la píldora, reinventar la caperucita roja, son cosas que hacemos a diario, y que resultan en una gama de acciones incompletas, e incongruentes a veces que saben  a dulce justificación tanto o más que mi batido de papaya con sabor a mango. Lo peor del caso es que por muchas capas de dulce que se le dé a la píldora y mucho jugo de mango que le ponga al batido, el sabor a autocondescendencia solo se engatusa, y como la papaya, se ríe de nosotros con cada sorbo de batido frío.

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6 pensamientos en “¿Batido de papaya?

  1. Wowww super!!! Q manera d desembocar n una d las mayores realidades del ser humano. Y por mas q interioricemos esa gran verdad seguimos n las mismas haciendo q la vida se ria d nosotros y dejandola d vivir como Dios manda. Pero na’! Asi es. Seguimos y seguiremos porq asi s la naturaleza humana. Neni, decirte quiero q m encanta l batido d frutabomba…papaya se m hace muy fuerte jeje 😉

    • Linda, feliz de que te haga gustado la cadena de ideas que se acumularon en ese texto. Siempre pienso en ti cuando termino de escribir cosas como estas porque se que te gustan las reflexiones. Tus comentarios siempre me hacen reir. Te gusta mas fruta bomba? Pues lláamala así! Un sugarcoteo más no se hecha a ver!!!! Un abrazo grandote

  2. Cierto: nos pasamos el tiempo dorando la fruta bomba, o sugarcoating la píldora.

    Interesante viaje este, toda una reflexión sobre la vida. Es algo que haces muy bien, ir de temas aparentemente triviales como el sabor y la consistencia de una fruta a temas más profundos como esos pequeños autoengaños diarios que hacen de la vida una píldora tragable.

    La autenticidad en la literatura (y en la vida, claro está) es muy importante. Eso es algo que definitivamente tú posees. Y sale en lo que escribes.

    Gracias, y claro está, los sigo leyendo.

    • Wow, comentarios como estos son los que uno debería correr y responder rápido porque recogen la esencia de lo que uno quiere decir, el jugo que el que escribe espera que se le saque a la fruta -bomba o no bomba- que batimos y servimos en vaso de cristal. Perdón por la respuesta demorada. La musa ha andado de playa en estos días y se le han tostado las neuronas. Las gracias las doy yo, por la buena lectura y los halagos. Y las damos ambos (Z&M)… por el seguir leyendo.

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