¡De madre estos hijos!

Por Zahylis Ferro

El primer día de las madres que recuerdo con completa claridad fue aquel en que compre tres ramos de flores. Debía tener unos 16 o 17 y podría haber estado en 11 o 12 grado. Eso no lo recuerdo con precisión. Lo demás sí. Recuerdo que como nunca antes en mi vida sentí la urgencia de hacer algo “lindo y diferente” para mis madres. Recuerdo que no tenia dinero, ¿como podría tener? Recuerdo que el que tenia para los “extras” me lo regalaba mi abuela, mas bien se lo robaba mi abuela a mi abuelo del bolsillo del abrigote gris estilo polo norte (creía entonces) que mi abuelo jamás se puso y que estaba encartonado, entre polvo de estar, y oliendo a aburrimiento en el fondo del escaparate. Recuerdo que ese domingo Narso nos iba a llevar al Entronque a  mi mama y a mi. Yo me quedaría con mis abuelos y mi tía, mami iba a San Luis a ver a la mama y hermana de el. Y ese sábado, el día antes del viaje, sacaron flores en el organoponico del Calero, el que quedaba frente al Vial Colon.

Con una determinación de conquistadora cruce calle 3ra y seguí adelante, dispuesta a enfrentar cualquier adversidad con tal de regresar a la casa cargada de flores. Había sol y mucho calor para ser menos de las 10 de la mañana y la determinación me sirvió para no claudicar al comprobar el largo de la línea de compradores.

Llegar al centro de la tierra, allí donde aguardaban las flores fue toda una aventura de tiempo y maña dispuesta a retar mis habilidades callejeras. Fui una niña medio bitonga creo yo. No lo tenía todo, pero lo que tenía no sabía de donde había salido, y mis madres y mis padres prefirieron criarme así, con sencillez y una buena dosis de inocencia. No sabía hacer colas, ni colarme por supuesto, ni fajarme con la gente que si sabía hacer las dos cosas anteriores.  Me distraía mientras se eternizaba la espera y terminaba como en el Monopolio, teniendo que retroceder casillas cada vez que un listo aprovechaba mi distracción (bobería) para habilidosamente adelantar unas cuantas.

Ese día de las flores no fue una excepción sino mas bien la confirmación de la regla, pero al mismo tiempo fue un golpe de realidad: o me ponía pa’ las cosas o me quedaba sin flores, y extrapolando la moraleja, me iba a ir muy mal en la vida si no aprendía a “batallar” con la realidad. Al final hubo flores en mis manos y en las manos de mis madres, y el olor de los capullos abiertos puso de fiesta por unos días las casas.Poco después llego el tiempo de la búsqueda, la rebeldía, el objetivo mayor. Eran los tiempos en que respiraba entre ideas, y opiniones y consejos de madres que se pegaban a la ropa y la desteñían, pero resbalaban contra la piel. Yo pasaba, sacudiéndome de palabras a mi paso. Y llegaron invariablemente los tiempos de crecer y dejar de ver a las madres como madres y dejar de extrañar a las madres como madres y empezar a verlas mujeres y empezar a ser mujer. Tiempos de egoísmos quizás. Tiempos de obviar, errar, intentar y celebrar, todo al mismo tiempo.Recuerdo con mucha claridad cada día de las madres que ha pasado desde que nació mi hija. No son tantos, quizás por eso es fácil recordar y además porque esta aun fresquita la memoria. Los recuerdo más porque la recuerdo a ella en su crecer, y de ahí comienzo a desenredar la madeja de circunstancias. Estos años sin embargo también me han traído de regreso a mis madres, nuevamente madres, extrañamente convertidas en mujeres-madres.

Hay muchas cosas que cambian cuando nacen los hijos y de la mayoría de ellas ni siquiera nos percatamos. Creo que convertirse en madre de alguna manera nos hace, por conciencia y no por el simple hecho de serlo, convertirnos en hijas. Vivimos el hijo que tenemos más compenetradamente con la ternura del hijo que somos. Y dejamos de ser tan prácticas y justas y objetivas y decididas y valientes y esos sentimientos que un día nos llevaron a ser mujeres mas que hijas se transforman en otros afectos y comprensiones deseadas.

Que más puedo decir…¡de madre estos hijos que nos hacen no solo parir, sino tambien nacer de nuevo!

A mi madre y mis madres. Todas.

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8 pensamientos en “¡De madre estos hijos!

  1. Super super super emocionante- te lo dije hoy-Me encanto!!!! Ser madre es la tarea mas dificil en la vida pero a la vez la mas reconfortante…y si, indiscutiblemente, nos convertimos en mejores hijas…Feliz dia nena!!

  2. Creo que en realidad hay en esa ternura de madre, un poco de esa inocencia aún no perdida. Por eso tal vez ese “más compenetradamente con la ternura del hijo que somos”. Me gusta esa reflexión. Un resumen con profundidad y belleza. Doblemente Felicidades!
    Rodolfo

  3. Bella manera de expresar el sentimiento de una madre joven. Esa candidez que no se pierde, que se vierte en los hijos y se absorbe a su vez, para transformarse en ternura. Somos mejores hijos al tener los nuestros. Felicidades Zahylis por este díay por este artículo.
    Rodolfo y Eva

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