Pastor alemán o seguir caminando

Por: Michael Sixto

Cuando tenía ocho años mi tía me regaló un pastor alemán. A la mañana siguiente se lo robaron y nunca más lo vi. A los doce tuve una novia rubia y alta tres años mayor que yo que le gustaba hablar de gente muerta. A las tres semanas de estar juntos me dejó por un tipo triste y apagado que apenas hablaba. A los diecisiete me dejé el pelo crecer y comencé a escuchar música punk. Poco después me obligaron a cortármelo cuando me fui al servicio militar. A los diecinueve me enamoré  y comencé a tomarme más en serio lo de escribir. Nada malo pasó por los siguientes ocho años. A los veintisiete todo lo malo acumulado pasó junto. Casi me muero, pero sobreviví. A los veintiocho nació mi hija. A los treinta me di cuenta que ya no tenía ocho años y que tampoco me sentía de treinta. A los treinta y uno, finalmente, me gradué de la universidad. Mañana quizás, por bueno o malo, me compre un pastor alemán.

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