Kansas, Dorita y Toto

Por Zahylis Ferro

Son casi las tres y media de la madrugada y ahora termino de empacar. Escucho la voz de mi abuela con su chiste racista, que le verdad nunca le he oído aplicar a nadie que no fuera yo. “El negro que monta en coche aunque pague su dinero, por mucho que arree el cochero, siempre le coge la noche.” En unas horas la veré, y se reirá con su risita burlona cuando le haga el cuento del día y la noche de hoy, como diciendo, ¿tengo que repetirte la frasecita que ya conoces bien? La veré y  será como ha sido siempre: con esa picardía en los ojos que no envejecen aunque la piel arrugada a su alrededor claudique ante el paso del tiempo. En unas horas abrazare a los míos que me esperan cada día sentados en el portal, mirando al camino, ahora serpenteándose libremente, ya sin las matas de almendras interponiéndose a la vista. El olor a tierra pura, a yerba crecida por crecer, el ladrido de los perros y el glugluglu de los guanajos subiéndose a la mata de mango. Mucho a cambiado y en esencia todo sigue siendo lo mismo.  Dos que salimos hace ya muchos años, ahora regresamos tres. La vida de multiplica y el círculo se ensancha solo para estrecharse mejor. A fin de cuentas, como dicen por acá, I’m going home.

 

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