Da Igual

 Por: Michael Sixto

Tenía una manera Nietzscheriana de afrontar la vida. Por supuesto, era un tipo melancólico. Le gustaban los días lluviosos y grises. Le gustaba ver a los ancianos en el parque en tardes que pasaban lentamente. Le gustaba el silencio y las casas viejas con olores centenarios. Le gustaba ponerse del lado de esas causas que parecían perdidas, discutir lo indiscutible, buscarle la quinta pata al gato, todo eso le gustaba. Muchas veces la encontraba o la fabricaba en un arranque de euforia e imaginación. Sí, era un tipo raro pero del raro que gusta, sobre todo a las mujeres. Las mujeres- decía siempre- son un misterio que duele descifrar. Muchas veces lo intentó (descifrar el misterio) y en todas había fracasado. Vivía solo, o solitario, no se sabe bien. En historias como esta de gente rara y lugares inciertos los detalles más importantes son, a su vez, los más irrelevantes. Lo cierto es que, rodeado de personas nunca estaba, ni siquiera cuando se enfrentaba al mundo en esas épicas batallas de las cuales jamás salió vencedor. Con aires de extranjero se paseaba por calles que de toda la vida le habían conocido. Con ojos de pavor recorría los gastados edificios que por años se le habían antojado ridículos, fuera de lugar. Buscando respuestas a preguntas turbias, terminaba siempre en los brazos de alguna amante sórdida de la noche. “Tú no tienes que pagar- le decían- solo regálame un poco de esa melancolía” La noche era el refugio, y era su hogar. El día que su padre murió tenía diecisiete años. Lo encontró colgado de uno de los travesaños del techo. Por mucho tiempo se quedó contemplando la quietud del cuerpo inerte. Afuera llovía mucho y solo el sonido del agua se lograba escuchar agujereando la tierra empapada. Los misterios habían comenzado, la ciudad esperaba ser descubierta y la melancolía ya jamás le abandonaría. Como Nietzsche, también él (el hombre nuevo) había entendido que nada era tan inherentemente importante y que la vida carecía de sentido predestinado. Eso, era un pasaporte al mundo. Podía finalmente hacer lo que quisiera, de todas maneras, al final del tiempo… daba igual.

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