Una noche larga y un día más largo aún

Por Zahylis Ferro

Cuando hay que olerle el culo a un perro, se va pa’ abajo del rabo. Asi dice mi abuela, la de los mil y un refranes. Y creo que de alguna manera esa teoría de “salir” de las cosas, resolverlas de una vez y por todas cueste lo que cueste, es una actitud muy típica en nosotros los cubanos. Tax season ha llegado de nuevo. La tan esperada y temida temporada de la que incluso los que ganan no salen ilesos. Y es que al menos entre las personas que conozco, el hacer los taxes con un contador “de carne y huesos” agrega seriedad y seguridad al asunto. Claro está, el tiempo que se invierte, sobre todo si se hace entre Enero y Febrero no tiene precio, o mejor dicho, no le ponemos precio, porque precio tiene, el del tiempo mal invertido y que ya no vuelve, el del cansancio y la molestia de la espera inevitable, el de los protocolos y los humores ajenos que no siempre nos favorecen.
Cada año digo que es el ultimo año que voy a un contador. Que TurboTax será mi contador en lo adelante. Pero siempre caigo en la trampa del ¿y si hago algo mal? ¿y si me quitan o me dan mas de lo que deben y luego me auditan y el remedio es peor que la enfermedad? Y termino iendo a la oficina, con mi libro y mi teléfono, libro que mal-leo porque no me concentro y teléfono en el que juego jueguitos que luego de un rato me exasperan.
Desde que vivo en Miami, casi 10 años ya, he ido siempre al mismo contador. Michael, que llegó antes que yo, iba con ellos y de ahí en adelante siempre hemos ido juntos. Es fácil, ya tienen todos nuestros datos y el no tener que repetir la retahíla de números personales es en esencia un plus. He pensado en cambiar contadores, no porque estos sean malos, al contrario, son muy atentos y trabajan eficientemente, sino porque desde hace unos años para acá se han vuelto famosos, y la lista de personas anotadas es las larga que la muralla China y ayer, mas bien hoy, llegamos a la casa a las 4:30 de la madrugada. Con los taxes hechos, claro, y un cansancio infinito que hicieron de anoche una noche muy larga y de hoy, un día mas largo todavía. El que espera lo mucho espera lo poco. Otro dicho que repite mi abuela. Por eso, y porque de no ser anoche sería otra noche, y porque además necesitabamos los benditos papeles para procesar otros papeles, es que estoicamente esperamos, y desesperamos.
Luego algunas cosas pasan y le quitan peso a otras. A las 4 y 15 de la madrugada al subirme a mi carro, mi canción preferida de Adelle, Someone Like You, que no había escuchado en varios días, acababa de empezar. Y un poco más tarde empezaron los números a jugar formando combinaciones interesantes. A las 4:44 mi hija se despertó y quiso leche con fresa. Diez minutos más tarde ya dormía de nuevo. A las 4:59 cerré los ojos. La alarma sonó a las 6 y media como estaba prevista y la apague cuando quise ponerla en snooze. Me desperté a las 7:00 en punto sobresaltada…y claro llegué a las 8:02 al trabajo. Mi jefe seguro habrá pensado “tarde de nuevo.” Yo pensaba, “la verdad que más no se puede pedir.”
Y ninguno de los dos dijo nada.

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