Contar historias

Por: Michael Sixto  

    Se cansó de contar historias. Por mucho tiempo vivió creyendo (motivado por muchos) que era lo que mejor hacia; colorear con palabras el día a día de esos que giraban a su alrededor. Finalmente una mañana cualquiera, paró de escribir. Estaba cansado.

    Tiempo atrás, cuando comenzaba a  quejarse del cansanImagecio, su padre le había dicho que estar cansado era bueno- Es señal de que estas hacienda cosas y crear es nuestra esencia- En teoría su padre tenía razón y quizás sí quería hacer, pero de tanto crear los ojos se le habían empañado de aburrimiento. Los lectores poco a poco perdieron el encanto de saberse únicos e importantes. Después de un tiempo se vieron repetidos en los rostros de los demás. En las historias también pasaba el tiempo y con él, indiscutiblemente la vida.

    Ese era el problema; la vida no siempre era lo que se esperaba. A veces al despertar en lugar de sol se encontraban nubes, tormenta y lluvia. Cuando se deseaba lluvia y fresco atardecer, súbitamente como una conspiración, aparecía el calor, el polvo, la humedad. De inconformidad se enfermaron los lectores que pedían a gritos historias más coloridas de personajes radiantes y llenos de pasión. Él no podía mentir. Su inspiración brotaba de la realidad, la misma que sus lectores/personajes, tanto detestaban. Por eso paró de escribir.

    Una mañana desabrida de junio salió a la calle y miró a su alrededor. Todos estaban ahí, como en una interminable pausa, suspendidos de la realidad. Era como si el tiempo se hubiera detenido en el pueblo. Los cuerpos inertes de sus habitantes carecían de vida. Cuando un soplo de brisa alborotó sus cabellos después de un minuto interminable de meditar, comprendió la paradoja. Regresó en una carrera a la casa y se sentó frente a la ventana. La ventana que daba justo a la calle desde la cual, como un voyeur por años había narrado la vida de esos que sigilosamente espiaba. Sus lectores tenían razón. Sin pretender sus cuentos se habían poblado de muchos personajes como él. Al mirar por la ventana solamente estaba mirándose a sí mismo en un espejo.

    Él era el amo del universo, al menos de ese universo que seguía estático esperando sus palabras a unos metros de la ventana. No tuvo opción. Con una sonrisa agarró el gastado lápiz y una vez más comenzó a escribir. Minutos después llegaron los primeros pasos, pasaron los primeros carros y finalmente llegó la noche.

    A la mañana siguiente cuando chequeó las estadísticas del blog donde publicaba sus escritos descubrió un millón de visitas. No solo los habitantes del pueblo habían entrado sino muchos más de pueblos vecinos. Sus lectores estaban de vuelta y con ellos habían traído las historias de otros lectores… que esperaban ser contadas, ya no necesariamente por él.

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4 pensamientos en “Contar historias

  1. Para el contador de historias: Michael, anoche el vino me impidió llegar hasta tu post. Lol, no sé si Za te habrá comentado…. Bueno pues me gusto mucho este relato. No dejes que mañanas desabridas te secuestren tu pluma. No dejes de contarnos historias, ya que somos unos cuantos lectores los que esperamos cada post. PD: La foto espectacular para el relato.

    • Sí, es raro eso de escribir mucho en mí. Por lo general soy bastante escueto con mis palabras, pero es que a veces hay cosas que no logro decir con menos. Gracias!

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