En compañia de extraños

(Historia de muchas semanas y pocos, pero buenos contribuyentes. Perdón por la demora. En buen cubano…se nos fue la mano!, que semana mas larga 🙂

Por Carmen y kontARTE

Aquella soledad marchita me la inventé una tarde cuando el sol comenzaba a quemar el ocaso, y las huellas del pasado pesaban demasiado en la cansada espalda del presente incierto. Había buscado palabras reconfortantes que me devolvieran el color, pero mi viejo portátil, resentido y carente de atenciones, se negó a regalármelas. Aun así no desistí. Lo acaricie despacio y las palabras se derritieron en mi regazo. Murmullos turbios, voces pregonando esperanzas antiguas, y palpables deseo de sentir, llegaron armoniosamente para acomodar en mis manos la calma que me haría dormir, dormir por siglos en la bruma, ya no de la presencia sino de la eternidad.
Así ,creo que en el limbo de que tanto hablan religiosos y sicoanalistas, llegó hasta mi aquello que mi viejo portátil se empecinaba en alejar de mi conciencia. No tuve mas remedio que aceptar lo inevitable, la otra parte de mi : el desafío a la penumbra, al miedo y la ambigüedad y me deje deslizar …
Me resolví todo entre culpas y arrepentimientos acercándome cada vez más hacia lo inaudito y resolví, entonces, rebelarme contra mis ataduras, aquellas que inventé para coincidir con todos convencionalmente.
No recordaba bien cuando había cruzado el turbulento periodo, que me llevara a la madurez, pero me sentí tan pleno y desbocado que ahora disfrutaba de una libertad extrema , casi orgásmica y me sentí poderoso y capaz. Al menos esta sensación de libertad me dejaba pensar y ser yo para mojarme y secarme como dictaran mis neuronas.
De lejos escuche mi viejo portátil y lo mande al carajo, pues me hartaba su incompetencia que mutilaba esta mi nueva búsqueda, y me sumergí resuelto en la epopeya de brindarme una nueva vida.
No busque más refugio en las palabras armoniosas, ni en la caricia tentadora que me ofrecía, susurrándome dulcemente al oído, produciendo una inquietud palpable en la punta de mis dedos, el portátil de mi crecer. Nada podía hacer por mí, ahora que la hélice del avión que me llevaría al mundo nuevo se pavoneaba ante mis ojos, detrás del cristal, tan cercana que de solo estirar mi mano habría podido palpar. Nada viejo alumbraría el camino nuevo. Nada nuevo podría nutrirse de mi pasado tímido, cuidadoso, arraigado.
Me aseguré de dejar la historia a medias, la pagina abierta y una carpeta llena de recuerdos capaces de hacer recordar a cada quien algo diferente guardada en el escritorio. Me aseguré, además, de dejar el portátil encima de su bolso, encima de una silla a su vez, listo para ser tomado por alguien, como dando la impresión de inmediato retorno y no de premeditado olvido. Y me aseguré de darle la espalda, caminando tan rápido como  mis pies podían caminar sin correr, en dirección opuesta a las palabras sigilosas, vislumbrando el sendero que cada palabra nueva me invitada seductora a recorrer.

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3 pensamientos en “En compañia de extraños

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