El Vampiro

   Por: Michael Sixto

  Finalmente se hizo la pausa esperada. La habitación en penumbras se tornó aun más oscura. La noche envolvió la casa en su abrazo y el vampiro, hambriento de sangre, salió a cazar. Como cada día a esa hora repasó en su mente la ruta a seguir. Primero caminaría calle Alhambra abajo hasta llegar a Ponce. Allí, en la misma esquina, esperaría unos minutos hasta que los últimos empleados de los bancos se montaran en sus carros. Esos no les interesaba, a final de cuentas un vampiro nunca debe alimentarse de otro vampiro, esa es la ética a seguir. Cuando los guardias de seguridad cerraran con llave la entrada principal de los edificios se dispondría a avanzar. Morton’s siempre había sido su lugar de elección pero tardaba demasiado envolver una presa  allí. Después de esperar dos horas para entrar, por lo general nadie quería irse tan pronto. El vampiro necesitaba sangre, y no podía tardar. Entonces recordó el Coffee Shop tres cuadras más adelante. Unos meses atrás había tenido un encuentro encantador con una muchacha dulce de acento peculiar, australiana quizás. No lo pensó otra vez. Con pasos firmes caminó seguro hasta el lugar. Como imaginó estaba  semi -desierto a esa hora. Afuera, en el portal charlaba una pareja. La dependienta cubana, que ya conocía, le tomaba la orden a un anciano escuálido de ropas gastadas. Al final del pasillo, entretenido en su laptop, aguardaba su presa. El joven de rostro pálido notó la presencia del vampiro pero continuó perdido en su lectura. Sobre la mesa, aun humeante, descansaba una tasa de hot chocolate. El vampiro, sigiloso, se acercó. Sin pedir permiso se sentó a la mesa. El joven de rostro pálido no alcanzó reaccionar. Un segundo después la sangre caliente comenzaba a ser succionada de su cuello sin que lo pudiera evitar. Con delicadeza el vampiro colocó la cabeza inerte de su víctima sobre la mesa. Miró a su alrededor y echó a andar. A la salida la dependienta cubana lo despidió con una sonrisa mientras el anciano escuálido secretamente maldecía al maldito banco que congeló sus fondos de retiro.

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8 pensamientos en “El Vampiro

  1. Excelente relato, si los vampiros no fuesen indolentes, egoístas, ambiciosos e injustos por su alimento, perderían esa condición que con tanta paz disfrutan en la mayor oscuridad posible y a veces con falsos halagos, que solo logran confundirlos más o asegurarles que hasta son justos y necesarios para preservar la vida de sus víctimas. Preferimos entonces lo peor, enajenarnos como el joven o maldecir irremediablemente como el anciano.

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