Metamorfosis (La historia de unas cuantas semanas)

Por Tay y kontARTE

Nunca entendió por que de pronto dejó de gustarle el chocolate y empezaron a llamarle la atención los colores grises. “Estas creciendo Lina,” decían todos a su alrededor, pero en realidad no sentía estar creciendo en absoluto. Los senos le dolían, eso sí, y hubiera sido feliz de haber podido quedarse tirada en su cama, boca arriba y desnuda para que la tela no rozara sus incipientes pezones adoloridos.

Eran las seis y media y las manecillas del reloj seguían tranquilamente hacia adelante, mientras ella jugaba a ignorarlas desde su estado de impasible sopor. “¿Es que no habría sonado el despertador?”pensó, preocupada de que en realidad, le preocupara tan poco. Hablarse, escucharse a sí misma, solo eso ocupaba ahora un lugar en su lista de prioridades. Recién había empezado a comunicarse con su cuerpo. A sentir el sonido de su corazón apresurado cuando entraba en el aula el profesor de Ciencias. A  anticipar el cosquilleo en el estomago cuando se cruzaba al hijo del jefe de su madre en los pasillos de la escuela, y el la miraba o no, y seguía su camino. A presentir un placer inexplicable en la humedad que le regalaba su sexo al entregarse a sus propios pensamientos errantes en los que Lina no era Lina, una chiquilla de 12 años, sino una mujer que sentía y amaba y hacía el amor como en las películas que su madre, en vano, le prohibía mirar.

Lina escuchaba y sentía su piel erizarse, sus manos crisparse, sus ojos llenarse de agua, y sus pezones despertarse debajo de la blusa, con la altivez de quien tiene algo muy suyo que reclamar, mágicamente sin dolor.

-Lina- llamaron cautelosamente a la puerta que estaba a la cabecera de su cama. “Son las siete menos cuarto.” Era su madre. Venia a asegurase que estuviera despierta antes de ella irse al trabajo, para que a la hija no se le hiciera tarde para la escuela. El desayuno estaba en la mesa. Por favor, come. Pareces un espagueti. Llámame. Y pórtate bien. Lina sabia hasta el orden de las palabras ya de memoria. La madre que quería bien pero que no parecía saber que hacer con una hija que se le volvía mujer extraña entre las manos. La madre que no sabia explicar los misterios de su cuerpo, que no podía ayudarla a crecer como mismo la había ayudado a vestirse, ponerse los zapatos y peinarse hasta casi los 9 años. La madre que había sido hija hacía mucho tiempo pero que ahora era solo madre.

Lina no se levanto. No probó el desayuno. No fue a la escuela. Se quedó dormida nuevamente, sudando debajo de la colcha que la aislaba del frío que vomitaba ficticiamente el aire acondicionado. O quizás solo estuvo despierta por no se sabe cuanto tiempo. Sola. Ella y su cuerpo. El callado. Ella escuchando.

Su madre llegaría corriendo del trabajo cuando la llamara el profesor de Ciencias. Lina no había llegado a clases. Se desharía en llanto luego de echarle en cara su egoísmo, su inconciencia, su despreocupación y falta de interés. Posiblemente a partir de ese día haría arreglos en el trabajo para llegar una hora mas tarde y asegurarse de dejar a Lina en la escuela.

Lina escuchaba. Se escuchaba. Una mancha roja crecía sobre la sábana blanca lavada del día anterior, mientras que su sexo y sus muslos se humedecían de una descarga viscosa que le brotaba del interior, limpiando su organismo de dudas punzantes. Inmóvil, sintió el olor de su carne y sus líquidos. Afuera, un mundo lleno de requisitos y demandas no podía serle mas ajeno. “Estas creciendo Lina.” Seria la gastada explicación de su madre que la miraría con lágrimas en los ojos y daría por terminada la conversación, una que Lina seguiría sin escuchar.

 

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5 pensamientos en “Metamorfosis (La historia de unas cuantas semanas)

    • Mija…si. No sabía que foto poner y como quiero ser fiel a la decisión de no poner fotos de internet, me tocó sacarla del cajón. (que pena! no se suponía que tú me fueras a pregunatr eso aqui!!! jajaja, loca)

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