Rarezas

Por Zahylis Ferro

Nací un día normal, de un mes cualquiera, de una año más común todavía.  De la semana, creo que era miércoles. Había calor, pero no era la época más calurosa del verano. Era casi fin de mes, pero no aun, más bien un punto incierto entre el final y el medio. Mi papá, por ejemplo, había nacido en la misma mitad del año, el día 15 de los 30 que trae el mes 6, de un año que como los demás viene solo con 12. Una fecha importante, siempre pensé. Algo realmente increíble. Quizás por eso mi papá era una persona increíble.

Una vieja lupa fue mi juguete preferido, y luego, tiempo después, usarla para buscar significados escondidos detrás de cualquier cosa viviente se convirtió en mi pasión. Pero por mucho que lo intenté, ni mi día, ni mi mes y mucho menos mi año decían nada especial, nada que pudiera revelarme un secreto o augurarme un significado futuro. No personalidades famosas, no eventos notables, no campanas sonando motivos que coincidieran con el día de mi cumpleaños.

Un día conocí a alguien y resultó que habíamos escogido el mismo día insípido para nacer. No lo hubiera creído de no haber visto su carnet de identidad. Años después, encontré una linda amistad en una muchacha de risa contagiosa que también había llegado al mundo el mismo día raro. La hija de un buen compañero de trabajo vino a sumarse a la lista de los que escogimos el día o fuimos elegidos por él. Un extraño con el que esperé un autobús un día, y que ya en la última parada había dejado y vuelto a ser el mismo extraño que antes era, se declaró nativo de mi día cualquiera.

Ya no me asombro cuando alguien sonríe y dice, “sí, yo también.” El día en que nací sigue siendo un día normal, de un mes cualquiera, de un año más común todavía, y eso no ha cambiado ni creo va a cambiar. Es como si nada estuviera destinado a pasar en este día, más que el nacer de un grupo de personas comunes que no encuentran significados escondidos detrás lupas viejas, sino que viven una vida donde la mayor coincidencia es el hallarse.

Ya no juego con los números que marcan mi nacer y no busco grandeza con la que compararme o por la que pueda sentirme representada. Ya no ansío cobijarme a la sombra de una luz  ajena. Ahora, rodeada de personas comunes que nos decimos unas a otras felicidades en este día cualquiera, solo quiero dedicarme a simple y felizmente… vivir.

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