Otro William para otra Kate

Por Zahylis Ferro

Cuando sonó el reloj ya hacia rato estaba despierta. Se había levantado a tomarse un vaso de leche porque estaba cansada de dar vueltas en la cama y sentía un hueco en el estomago, mezcla de nerviosismo y emoción. Volvió a acostarse y encendió la televisión, puso el volumen bajito para que Leo no se despertara y se abrazó a su almohada de corazones que él le había comprado en rebaja por el día de los enamorados. La boda real, desde el otro lado del océano, le daba los buenos días.
Si se enajenaba un poco, era como ver un sueño volverse en realidad. De niña, solía ser princesa; regia y elegante repartía ordenes a todos sus muñecos y al menos una vez por semana celebraba su boda con algún miembro de familia real, una boda real en todos los sentidos, por supuesto.
La primera decepción la tuvo cuando se cayó en el patio y se raspó la rodilla. En vez de la sangre azul que le habían dicho tenían las princesas, descubrió que lo que llevaba por dentro no era otra cosa que simple y vulgar sangre roja.
Eso no la hizo desistir. Y en su afán por llegar a la cima real, se decidió por Mario, el niño mas popular de su escuela, a quien ciertamente le interesaba tanto la fama como a ella, aunque no estaba dispuesto a compartirla con nadie.
Luego vino Julian, encantador, noble  -de sentimientos solamente- pero tan sencillo que ni alzándola en hombros podía hacerla sentirse grande e importante. “Yo busco más,” se dijo.
Tomas le prometió las nubes y la llamaba “princesa.” Pero ella no podía llamarlo ni verlo príncipe. Además, tenían diferentes definiciones de la vida. Pare él, las nubes era solo el nombre del mejor motel del pueblo.
La lista de decepciones aumentó, pero también su persistencia. La música, el glamour, el vestido, el diamante, los votos y el beso real eran un sueño demasiado anhelado como para dejarlo morir.
Cerró los ojos y se vio sonreir detrás del velo. El corazón le latió tan fuerte que creyó que iba a desertar a Leo. Igual él hubiera vuelto a dormirse. A Leo no le interesaban las bodas reales, ni las coronas, ni las princesas. Lo peor es que ella lo supo desde el principio y aun así no pudo evitar caer en sus redes, nada doradas, de hecho. No es que hubiera renunciado a su futuro de realeza y gloria. No es que se estuviera conformando con tener sangre roja y mezclarla con otra sangre mas roja todavía. No era que estuviera cansada de dar tumbos ni que hubiera salido embarazada por descuido, ni que le importara mucho el-qué-dirán. Se decía a sí misma cada día de camino al trabajo. Su futuro real estaba a la vuelta de la esquina, esperándola. No podía ser diferente para una princesa.

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8 pensamientos en “Otro William para otra Kate

  1. Si, algún día todas caemos y nos damos cuenta de que, efectivamente, nuestra sangre es roja. Sólo necesito saber a la vuelta de que esquina esta mi principe, es que ya he doblao por millones de ellas y sigue sin aparecer!!!

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