La más sencilla de todas las historias

Por Zahylis Ferro

El primer viaje, para ser sinceros, lo había frustrado un poco. Era viaje de exploración al fin y al cabo, de tantear aguas, buscar ángulos correctos, descubrir que tan lejos podía llegar en su insaciable pasión por recorrer el mundo. Desde la comodidad de su casa, y también los últimos años, gracias a una promoción que lo llevo a escalar unos cuantos pisos en la escalera corporativa, desde la comodidad de su pequeña oficina con vista a la avenida, viajar se había convertido en su mejor pasatiempos. Un sueño que se hacía día a día realidad.
Opciones las había explorado todas: National Geographic lo arrullaba en sueños, Travel Channel le daba los buenos días, Expedia, Travelocity, Orbitz…. le servían para planear el viaje perfecto, innumerables páginas web que promocionaban lugares remotos y no tan remotos lo ayudaban a evitar lo obvio…Frommers era su libro de cabecera….Cada una de ellas le proporcionaba un detalle, una pizquita de sabor a su visión de experto, al que solo le faltaba la visión. Pero ya ninguna le parecía suficiente. Necesitaba más. Viajar más. Viajar.
En el sentido literal del la palabra, el de físicamente trasportarse en el espacio, viajar era imposible. Siempre lo había sido por una razón u otra. La escuela, el trabajo, la familia, el dinero que no le alcanzada y las vacaciones que eran muy cortas. Luego, gracias también a la promoción, el dinero ya no era tan escaso pero las vacaciones se volvieron, en proporción inversa, cada vez más cortas. Y además de eso, ¿cómo decidir a donde viajar cuando la tierra completa lo llamaba por su nombre? Sería como serle infiel a un amor muy puro.  
Después de una semana en la que creyó estar cayendo en depresión, Google Maps le había devuelto el alma al cuerpo. Y aunque el primer viaje no había sido todo lo que esperaba, poco a poco empezó a dejarse llevar por corriente, a suavizar los ángulos, y a dejarse descubrir lentamente mientras las imágenes se le venían encima en un flujo organizado de detalle y precisión. Avanzar calle a calle, perderse entre la gente que ya parecía perdida, olvidarse de todo, cansancio, puertas, pasaportes y barreras del lenguaje. Viajar nunca había sido más emocionante.
Años después, en un tour a la cuidad del Vaticano, que era, en la tierra, el lugar preferido de su esposa, se quedaría en el hotel, disfrutando de la piscina y el magnífico servicio de habitación mientras su familia recorría las calles, plazas y museos. No había nada que ver que él hubiera visto. A fin de cuentas… ya había estado allí antes.

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4 pensamientos en “La más sencilla de todas las historias

    • Ese tono depre no me pega con alguien que fue a ver a Lady Gaga…que pasa con esos sueños que no tienen para cuando parar!!!! Un abrazo grandote..y por supuesto..cuentame…

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