El Incógnito (O déjà vu gástrico) III

Parte 3: El Fin

Por Tay, Monica, Raul y kontARTE

Quiso decirle a su hijo que pasara pero ahora menos que nunca le salieron las palabras. Hizo un gesto con la mano ofreciéndole entrar y el muchacho, que no necesitaba un discurso de bienvenida, aceptó la invitación, entró y esperó a que él cerrara la puerta. Se sentaron en el sofá donde unos minutos antes Michael esperaba que comenzara Sex and the City. La hamburguesa a medio comer y la jarra de cerveza lucían terriblemente atractivas.
– Quieres? – dio Michael señalando la comida. – Compre dos por si acaso y hay bastante cerveza fría en el refrigerador.
Su hijo no dijo ni sí ni no y Michael fue a la cocina y le trajo un plato con otra hamburguesa caliente, papitas fritas y una jarra de cerveza.
Empezaron a comer sin decir palabra. Lentamente. Sin mirarse a los ojos. Miles de ideas rondaban sus cabezas, demasiadas para poder sintetizarse en pocas palabras coherentes. Cuando se acabó la cerveza y no quedaba ni rastro de hamburguesa en los platos, Michael decidió romper el hielo. No tenia nada mas que perder. Solo mas tiempo y ya había perdido demasiado.
– ¿Que le pasó? Ella siempre tuvo una salud de hierro….
– Cancer. De esos que acaban rápido. Cuando se enteró ya era demasiado tarde.
– Nunca me hubiera imaginado que…ella..enferma…?¿Por qué no me llamaron? – y de haber podido se hubiera tragado sus propias palabras de tan insulsas que le sonaron al oído.
La mirada de su hijo pretendía ser irónica pero estaba demasiado triste para lograr su propósito.
-¿Llamarte para que? ¿Que hubieras resuelto tú? Además, ella no quería. La mataba el orgullo. Después de todo tú fuiste el que desapareció.
El reproche. Fino e inocente. Reproche con el que tenia que vivir.
– No fue tan así Alex. Tú eras mas chiquito y no quería hacerte daño. Ella y yo dejamos de entendernos un día y de ahí pa’lante todo se volvió muy complicado. Ella se ponía histérica por todo y yo no quería que tú nos vieras pelear todo el tiempo. Yo no podía mas, y luego ella se fue y te llevo con ella. – Y bajando los ojos nuevamente- ya se que lo jodí todo Alex. Yo soy un bruto del carajo y una cosa llevo a la otra. Si pudiera volver el tiempo atrás, coño.
– Yo nunca entendí como un padre podía dejar de querer a un hijo. Ni aunque se mudara para la luna.
– Yo nunca he dejado de….
– No te preocupes, eso ya no me interesa. Lo que es no se puede cambiar. Si estoy aquí ahora es porque no se que hacer. No tengo a donde ir. La casa me deprime y si tengo que ir con mis abuelos me suicido. No quiero nada de ti, solo que si por unos días…hasta que todo pase…quizás me puedas ayudar a rentar otro apartamento. Aquel me pone los pelos de punta…- y las lágrimas le corrían como mares por la cara.
Solo entonces Michael se atrevió a abrazarlo. Con miedo. Con timidez. El abrazo hizo que el hijo se dehagogara en un llanto convulso que paso pronto como torrencial de verano. Fue Alex quien termino el abrazo. Se levanto del sofá y miró a su alrededor.
– Así que aquí es donde vives. Esta linda tu cueva. Siempre supe que tenia que ser así….tu siempre con tu manía de organizarlo todo y mami con su locura y su reguero.
– Oye, yo se que no me he portado como tu padre ni he estado ahí en los momentos malos…pero en estas cuatro paredes tienes una casa. Si me dejas…te prometo que todo va a cambiar y yo voy a estar aquí pa lo que tu necesites…
– ¿Sex and the City?- lo interrumpió Alex que había visto la caja de la pelicula encima de la mesa en su recorrido visual por la habitación. -¿En serio papa?- y la carcajada sincera le salio del alma haciéndolo lucir de nuevo como el adolescente de 16 años que la tristeza parecía ocultar.
Michael no supo que decir. Hubiera querido que se lo tragara la tierra. Carajo, mira que empezar con el pie izquierdo. Este chiquito se va a creer ahora que soy medio pato.
– La mujer de un socio andaba con ella y se le quedo aquí.
– ¿Puesta dentro del DVD y todo? Afloja papa. Como si yo no supiera que tu y mami veían la serie todo el tiempo. Tú te hacías el que no la soportabas y ella se hacia la que te obligada a verla pero yo se que a los dos les gustaba cantidad. Ella te hablaba de eso en sus cartas. Las que te mandó cuando llegó aquí con los abuelos, antes de que se encontraran cuando ella repartía cartas.
– Y tú cómo…?
-Ella me lo contaba todo. Nos hicimos buenos amigos. Ella decía que eramos socios. Y nos fajabamos como socios. Por ti muchas veces. Pero luego hacíamos las paces. Ella me dio tus cartas. Todas las que te escribió y que tu no contestaste pero que tenias guardadas. Cuando te fuiste se quedaron en la gaveta de los recuerdos del closet de la sala.
– Ella escribía muy bonito.
– Y te quería mucho.
– Y yo a ella.
– Yo nunca entendí como dos personas que se quisieron tanto podían odiarse tanto después al punto de no poder ni verse.
-Porque la vida es una mierda Alex. Los dos siempre fuimos bastante cabezones. Y mientras alamos en la misma dirección no hubo problema, eramos un huracán. Pero cuando comenzamos a mirar para lados diferentes empezaron los problemas. Con la misma pasión que nos quisimos nos pedíamos la cabeza después.
– Sigo sin entender…
– Yo tampoco. ¿Que quieres que te diga?
– Algo de verdad.
– Que te extrañe con la vida.
– Pero no me buscaste.
– Trate. Pero cada vez que ella me ponía un pero me hervía la sangre y no quería cogerla contigo y así empezó a enredarse todo y a pasar el tiempo.
– Ya paso y paso mucho. Te culpo y a ella también. Pero ya que mas da. Ella esta muerta. Tu estas aquí. Sigo teniendo nada mas que un solo padre. Mejor uno que ninguno, digo yo.
Michael no supo que decir. Lo haló hacia si, le agarró la cabeza y se la apretó contra su pecho.
– Alex carajo…te me volviste un hombre.
Así estuvieron por unos minutos hasta que Alex volvió a separarse. Miró a su alrededor una vez mas y volvió al ataque.
– Y…vives solo?
– Si.
– ¿De verdad?
– Te digo que si…
– Y Cartucho?
– Se murió. De viejo.
– ¿No tienes mujer?
– He tenido pero ahora no tengo. Siempre he sido medio exigente para las mujeres y con los años me he vuelto medio pesao.
– Te has vuelto?- dijo Alex con graciosa ironía.
-Mira muchacho- respondió Michael levantando el dedo en actitud de fingida autoridad- mas respeto que yo soy….-pero ni jugando se sintió con derecho a terminar la frase.
-¿Mi padre verdad? Si papa, lo dos lo sabemos – dijo Alex y se echó a reir. Me puedo dar un baño?
– Claro Alex. Mira, por aquí. Toallas en el closet y ropa limpia. Te debe servir algo. Busca y usa lo que quieras. Y ponte cómodo.
Alex cerró la puerta y abrió la llave de la ducha. El ruido del agua cayendo era apenas un susurro para Michael quien todavía no podía creer lo que acababa de pasar. Un corrientazo de alegría contenida le estremeció el cuerpo e iba a tirarse en el sofa con la risa a flor de labios cuando volvieron a tocar a la puerta.
Más desconcertado que antes se acercó al picaporte y se detuvo alli. El segundo toque no se hizo esperar. “Mierda, esta puerta sin mirilla.” Abrió y de nuevo… sorpresa.
-¡Trick or treat! – una voz infantil lo recibió en el pasillo extendiéndole un cubito casi vació con dos o tres caramelos en el fondo. Michael estaba perplejo. – ¡Trick or treat- insistió el pequeño disfrazado de gnomo de jardín al no ver reacción.
– Hola…buenas noches….disculpe si lo molestamos. Mi hijo y yo que estamos recogiendo dulces por Halloween.- dijo una voz femenina. A pesar de la sorpresa Michael se dio cuenta que tenia que actuar. Se le había olvidado que era Halloween y como cada año, no había comprado ni un caramelo. Pero una rápida mirada a la madre del gnomo le bastó para entender que debía sacarlos hasta de abajo de la tierra si era necesario. Una linda mujer de pelo negro y ojos vivos vestida de cartera le sonreía desde el pasillo. No lo podía creer…
-Oh…si…no, no es molestia….me encanta Halloween y siempre tengo dulces para los niños. Lo que pasa es que por esta zona no viven muchos. Pasen, voy a la cocina a buscarlos. A ese cubo le van a venir bien. Parece que no han tenido mucha suerte esta noche.
La muchacha soltó una carcajada animada y entró con el niño de la mano.
– Es que somos nuevos en el barrio y no conocemos a casi nadie. En la mayoría de las casas en las que hemos tocado no había nadie. Pero yo le prometí a Sammy que la íbamos a pasar bien de cualquier manera.
Michael corrió a la cocina y empezó a registrar todas las gavetas. Por algún lado tenia que haber dulces. Nada. Lo único que encontró fue una caja de bombones Godiva que le habían regalado en el trabajo por el día de San Valentino y que nunca había abierto. Apenado regreso y se los echó en el cubito a Sammy.
– Aquí tienes pequeño gnomo. Son riquísimos, vas a ver- y le regó el pelo con la mano sin atreverse a mirar a la mama cartera.Ella rompió el hielo con una sonrisa.
– ¡WOW! Se nota que te encanta Halloween! La variedad de caramelos que tienes aquí para los niños…- y soltó otra carcajada al ver que a Michael se le ponían coloradas las orejas.
– Ahhhh, si bueno…tu sabes como son las cosas…pero cambiando el tema…¿eres la nueva cartera del barrio?
– No- respondió ella con coqueterías- lo de cartera es por esta noche y ya. Mi disfraz por Halloween. Seguro que sabes de que hablo porque a ti te ENCANTA Halloween… – dijo saboreando las palabras – soy nueva viviendo en el barrio.
– Ah! Ahora entiendo. Es que de pronto pensé que tenías alguna carta para mi.
– No. No carta.
– Que pena. Lo de que seas cartera solo por hoy quiero decir. Te queda muy bien el uniforme.
– ¿Tu crees?- dijo ella dandose la vuelta con gracia y picardia.
– Estoy seguro – dijo Michael con una sonrisa. -Oye por cierto, me llamo Michael y vivo aqui solo con mi hijo. Cuenta conmigo para lo que necesites.
– Gracias Michael. Yo soy Veronica. Gusto en conocerte. Te tomo la palabra. Ahora me tengo que ir. Sammy seguramente querrá echarle un poco mas de caramelos a ese cubo.
– Ok, bueno… ¿seguro nos vemos pronto verdad?- Michael estaba convencido que la vida estaba jugando con él pero decidió llevar el juego hasta donde la vida quisiera.
– Si – dijo Veronica desde la puerta – seguro nos vemos pronto. – Y comenzó a bajar la escalera.
– Oye – casi le gritó Michael –  ¿Te gusta Sex and the City?
– ¿Que si me gusta? ¡Me encanta! Tengo la serie completa y la veo de vez en cuando…
– Perfecto, porque yo compre la película nueva y quiero verla. Mañana. Te invito. Pero tienes que venir de cartera. Ah, voy a comprar hamburguesas y cerveza. Ven a la hora que quieras. Sorprendeme. Si estoy comiendo no importa. Habrá más para ti.
– Tu estas medio loco Michael – dijo ella muerta de la risa. – ¿Así es como haces citas con las mujeres?
– No la verdad, pero ultimamente me están pasando cosas raras y geniales. Anda anímate. Nada oficial pero te prometo que la vamos a pasar bien. Voy a tener más caramelos para Sammy por si no llena el cubo hoy y papitas fritas y helado. Y quien sabe si tenga alguna que otra carta para que le eches a tu bolso que anda medio flacucho.
– Estás loco completo Michael, pero  eres un loco divertido. – Veronica no podía dejar de reírse. -Nos vemos mañana. A cualquier hora.
– Seguro – y sonrió.

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