Soledad y compañia

El Club de los que cuentan en kontARTE se complace en presentar  un viejo miembro que por razones inexplicables se le resiste a su musa la mayor parte del tiempo. A veces, en batalla campal, su musa la vence, y entonces no le queda mas remedio que rendirse y admitir su derrota. De momentos como esos salen imágenes y palabras que son el mejor ejemplo de capitulación que pudiera dejarse a su historia. Los dejo acompañados de mi hermana Monica Marino y Soledad.

Por Monica Marino

Soledad era una chica común y corriente. Cuando nació sus padres ya tenía planeada toda su vida. -Ella tendrá un brillante futuro- comentaron en cuanto la vieron. Soledad nunca tuvo oportunidad de saber quién era ni lo que quería. Su vida había sido perfecta desde que se acordaba, hija y estudiante modelo, adorada amiga, amada hermana. Se levantaba cada día y hacia las mismas cosas, subía y bajaba las mismas escaleras, hablaba con las mismas personas y se reía de las mismas idioteces. Su vida transcurría de rutina en rutina. Una mañana Soledad se despertó sobresaltada; había tenido un sueño muy extraño que no recordaba. Tenía una sensación extraña en el pecho que no la dejaba respirar. Corrió al baño y se lavó la cara. -¿Quién soy y qué es lo que quiero?- se dijo Soledad mirándose al espejo. Y en ese preciso momento comprendió que toda su vida había hecho todo lo que otros querían que hiciera. Había cumplido más de 25 años y no había vivido ninguno. -Esto es lo correcto… y esto no- le decían sus padres una y otra vez. Nunca había tomado ni una sola decisión… ni una sola. Ahora Soledad se sentía atrapada y no podía respirar. -Tengo que salir de aquí- dijo y se fue corriendo sin mirar atrás. Necesitaba respirar aire puro. Abrió la puerta de la calle y… allí estaba… el amor. ¡Amor!
Hacía ya algunos años Soledad no quiso ir tras el amor. No era correcto…se lo habían advertido muchas veces sus padres. Pero esta vez era diferente; Soledad estaba cansada de ver, desde una prudente distancia, como se amaban los demás. Ver los besos, los planes, los compromisos, y la felicidad ajena. Esta vez quería poder aferrarse a la pasión que veía en otros, al deseo, y las ganas incontrolables de sentirse viva. -Pero… ¡esto no es lo correcto!- recordó. Había que estudiar y ser buena hija y hermana…eso era lo más importante. Y lo era en verdad, pero sólo que por un momento, por un instante sólo, Soledad quería ser ella misma sin importar nadie más en el mundo. -¿Y si muero mañana?- pensó. Y  así fue como Soledad, a medio camino entre su vida perfectamente ejecutada y su nueva hambre de vida, dejó abierta la puerta a modo de prueba quizás…para ver que podía pasar. El amor no tardo en entrar y Soledad, sin quererlo y queriéndolo más que a nada en el mundo, olvidó por unas horas todo en lo que creía. Pero, como nada dura para siempre, otra vez tendría que dejarlo marchar. -Es mejor que te vayas- le dijo. Definitivamente, esta dulce desazón de sus sentidos no era lo correcto. ¿Que pensarían sus padres, sus amigos y sus hermanas si se enteraran? Seguro pensarían que Soledad se había vuelto loca. Todo era consecuencia de aquel momento de flaqueza en el que “olvidara” cerrar la puerta. Si, aquella maldita puerta que “por error” había dejado que el amor entrara. Al parecer ese era su destino, Soledad debería hacer lo correcto una vez más. -Así tiene que ser; esto es lo mejor- se dijo a sí misma. -Estaré bien, ¡seguro!- Nadie tenía por que enterarse. Este sería su secreto, solo suyo.
Fue entonces cuando el amor le dijo -¡Te quiero!-. Soledad quedo inmóvil, pálida. -¡Me quiere!- pensó – Esto…, ¿lo cambia todo? ¿Qué es lo que realmente quiero? ¡No! ¡No y no! Tengo que ser fuerte. ¿O no? ¿Y si…?- Soledad sabía todas las respuestas, ¡oh sí!  las sabía. Y además sabía lo que tenía que decir, pero tenía miedo de decirlo en voz alta, más que miedo Soledad tenía pánico de hablar. Así pues no pudo decirle al amor, ¡quédate! Habría querido, pero no salieron las palabras de su boca. Si el amor leyera mentes habría sabido que pensó -Amor, yo también te quiero. Quédate. Si te vas muero-. Pero el amor solo es amor, no lee mentes. -Habla conmigo- le dijo al ver que Soledad no reaccionaba. Pero Soledad solamente pudo decir: -vete.  Y así, una vez más, lo dejo escapar y esta vez sería para siempre, porque ¿qué amor regresaría una vez más? Sin importar cuantas puertas “olvidara” cerrar en el futuro, el amor jamás regresaría. -Así tiene que ser, eso es lo mejor!- se dirá día tras día mientras le quede un último rastro de sentimiento en su interior. Porque el amor, definitivamente, no es para Soledad.

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15 pensamientos en “Soledad y compañia

  1. Good,bueno….creo que vivia en el apartamento blanco,al lado de el mio,quizas por eso me sonreia tanto en las mañanas….,cuando nos saludabamos,buena chica eh !!! y bonita….Que desperdicio….!!!!!

  2. “la ignorancia es dicha”… de que le sirvió pensar que tenía todas las respuestas, si a cada momento la vida se transforma justo frente a nosotros. ¡qué delicia entregarse con los ojos cerrados, darlo todo sin regatear!
    me gustó la historia, comenzando por el título, que nos hace pensar que Soledad podría huir de la gravedad que es su nombre. quizás “Compañía” podría haber llegado para no marcharse jamás.
    Una lástima que esa agenda roja esté tan lejos. Podría contar mi versión de la historia.

  3. en el nombre te pareces a la amiga de cartucho,pero NO !!! ella es trigueña,pelo negro,rizado y muy bonito….ademas no creo que escriba como tu,ella solo es cartera,,,ja ja ja que coincidencia…..

  4. wow! sí, es un poco triste, pero me alegra que les guste pese a ello, gracias a todos…y ya saben si se encuentran solos apliquen en el aereopuerto…jajaja

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