Un Hombre Solo

por: Michael Sixto

Cuando finalmente comprendió que todo era parte de una escabrosa conspiración, el hombre azul decidió avanzar, conquistar por vez primera su pedazo de suelo.

Años atrás otros hombres de colores opacos le habían llenado la cabeza de pensamientos tibios e insípidos de lugares distantes, de personas diferentes que se abrazaban y tenían hijos. Todos de la misma tonalidad azul suya.  Detestables pensamientos que regresaban ahora amontonados como cuentas sin pagar en la puerta del refrigerador. Por aquella época el hombre azul tenía una casa, un carro y un buen trabajo. A pesar de que por una misteriosa razón terminaba juntándose siempre con personas rojas y naranjas, el hombre azul mantenía dentro esa esencia melancólica y pesimista que le pintaba el rostro de color de cielo. El hombre azul creía ser feliz.

El día que descubrió la conspiración estaba sentado en el portal tomándose una taza de café negrísimo. Los ojos le brillaban por motivos que desconocía pero silenciosamente estaba como esperando. El hombre azul se vio entonces encerrado en un mar rojo de miles de gentes que gritaban su nombre. Nunca había visto tantos hombres rojos juntos, todos frente a él, esperando. Así fue que comprendió. No necesitó escuchar de boca de aquel que se acercara a explicarle lo que estaba pasando, él ya lo sabía.

La verdad es que el hombre azul era el único de su especie. Desde tiempos inmemorables otros hombres coloridos habían disfrazado sus brillos para fraternizar con tan diferente individuo que un día cualquiera, sin ton ni son había aparecido, salido de la nada, rompiendo la armonía. Los médicos y científicos dijeron que no pasaría el primer año de vida de no estar rodeado por personas mas brillantes, así que una pareja de rojísimos enamorados decidieron adoptarle sabiendo que con la decisión venia también el terrible cambio de pasar por azul por el resto de sus vidas. Muchos en el pueblo hicieron lo mismo, no solo de azul, pero de verde y amarillo y violeta. Todo el espectro del arcoíris de pronto se vio reflejado en los rostros de decenas de personas que hasta ese momento jamás hubieran imaginado alguien que no fuera rojo. Pero, por supuesto esa solidaridad no duró.

El engaño funcionó. El niño creció sano, diferente, pero sano. En los años de la adolescencia comenzó a cuestionarse cosas como: “¿por qué esos que no son rojos son los menos y no tienen bebes? ¿Por qué es que hay tan pocos azules?” pero al no encontrar respuestas se quedaba quieto y decidía olvidarlo.

El hombre azul bajó la cabeza y cerró los ojos. La multitud hizo silencio y después de un minuto larguísimo comenzaron a dispersarse retrocediendo por las callejuelas calientes de las cuales habían emanado. Parecía increíble que el silencio recién nacido compartiera el mismo espacio en el que solo minutos antes miles gritaban su nombre y le obligaban a marcharse. Finalmente se habían cansado de pretender. Un hombre solo jamás podría dejar descendencia y mezclar colores no era ni siquiera una opción.

La taza de café esperaba llena aun en un extremo de la baranda del portal mientras la brisa seca y húmeda de la tarde le llenaba la cara de polvo al hombre azul. Buscó con la mirada la casa en la que había crecido y años después ver morir sus padres, los únicos que conociera. Miró adelante el camino abandonado que se perdía en la lejanía y sin vacilar comenzó a andar.

Cuando finalmente comprendió que todo era parte de una escabrosa conspiración el hombre azul se quedó finalmente solo con sus pisadas, y sonrió.

Anuncios

4 pensamientos en “Un Hombre Solo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s