Perdón a las armas

Por Zahylis Ferro

Si, perdón. Y perdón a quienes las fabrican, quienes las venden, quienes se sienten atraídos por ellas. Perdón a los que las cargan sobre sus hombros dispuestos a usarlas en nombre de un país, de una religión o una ideología con la que han sido alimentados y en la que hay más pasión que sentido y más adoctrinamiento que decisión. Perdón a los que se han quedado del lado opuesto pensando qué hubiera sido si estuviesen en el lugar correcto en el momento correcto. Perdón a los que sí se fueron y ya no pudieron regresar o regresaron faltándole como mínimo pedazos de alma. Perdón si les robaron la inocencia, si la camuflajearon de un color confuso a gloria que es más relativa que la misma teoría de la relatividad. Perdón si les dijeron que así hacían la diferencia, que defendían la integridad, la moral y la seguridad de algunos a cambio de generarles solo un poco de angustia, solo un poco… nada, daños colaterales. Perdón si los enseñaron a jugar al oeste y se olvidaron de decirles que quizás los malos no son tan malos ni los buenos tan buenos. Perdón si ya se han vuelto adictos al peligro, al riesgo por el riesgo, y si como la otra cara de la misma moneda se han convertido inmunes al miedo, a la sangre, al dolor.
Perdón, pero hoy quisiera jugar el juego de virar el tiempo atrás y de alguna manera plantar la bandera de la paz en la mente del primero que haya pensado en la guerra. (sí, es posible hacer esas cosas según la película “Inception”). Quisiera que regresaran los 70 y los hippies, con sus ropas vaporosas y sus protestas y al menos de una manera escandalosa hacer una resistencia sonora y visible. Quisiera que no estuviera OK construir a muerte y llanto el camino a un mundo “mejor”.
Un hijo recogió su mochila y su fusil y se unió a otros muchos que partieron con una mezcla de nerviosismo y valentía que desgraciadamente no esta hecha a prueba de balas. Una madre se sentó sin palabras con el teléfono en la mano después de que la despedida le hubiera robado la voz. Una familia le dio cuerda al reloj de arena y cantaron al unísono el himno de una cuenta regresiva que durara otros siete meses.
Perdón a las armas y los armados. Pero yo no entiendo.

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4 pensamientos en “Perdón a las armas

  1. GENIAL lo que acabo de leer!!!! Ya eres una de mis escritoras preferidas (despues de Isabel Allende y mi mama).
    Casualmente llegue cuando esa madre necesitaba un abrazo…Y precisamente por ella…no creo que las armas y los armados merezcan perdon…

    • No sé… lo que pasa es que yo siempre he criticado la imcomprensión, pero en lo referente a este punto te juro que no entiendo, y no quiero entender. Por eso pido perdón, porque no quiero entender y no lo hago, a pesar de que crea que todos merecemos que se tomen en serio nuestras razones. Entre tus TOP THREE????? Que honor!!!!! Un abrazo

    • Ojala se me hubiera ocurrido un titulo tan genial!!! La inspiracion no dio para tanto. jajaja. Tienes razon con lo que dices sobre las armas. Si solo los ninos entendieran que el que juega con candela se quema…
      Un abrazo amigo. Gracias por regresar.

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