Inmoralidad

por Michael Sixto

Al final de cada palabra hay una pregunta que no se ha hecho, un pedazo de silencio incógnito que espera, que despacio acaricia un rincón innombrado del pasado muerto, del futuro inquieto, de la voluntad dispuesta. Nadie quiere tener respuestas y en realidad no importa si es la verdad lo que nos predican. Mentiras endulzadas con falso poder, con promesas de llegar, arriba, donde “muchos” han llegado… silencio y temor y fracasados intentos por levantarnos, por encontrar nuevamente el camino.

La ruta perdida, calculadora ruta de andar, nos despide con una lágrima seca y con una mueca nos empuja a la batalla. Así, sin esperanza pero con voluntad, nos regalamos al desconsuelo. Ya no quiero marchar al campo cargando estas armas con las que he de matar para alimentar mi cuerpo extenuado. No quiero comer si es que así he de morir. La muerte ha de cumplir esa promesa vaga y mi alma ha de volver al inicio, a la quietud, al sin sabor, a la locura quizás.

Sí, tengo miedo, tengo tanto miedo que ni siquiera recuerdo mi nombre. Ellos lo han cambiado tantas veces, han dado tantas órdenes que tengo miedo a voltear la cabeza hacia atrás y descubrir que no hay pisadas en el polvo de ayer. La casualidad de encontrarme parado frente a mí no es sino una leve e inconsciente respuesta de mi corazón, cansado como yo de esta guerra por subsistir, por llevar un nombre,  por ganarnos el respeto de esos que no saben quiénes somos y a los que nada le importamos.

Miro hacia adelante el camino poblado, y la gente me sonríe al pasar (llevo puesto los accesorios correctos) con la misma sonrisa plástica e insípida con que saludan a sus padres al final del día al llegar a casa. Volteo la vista y una pancarta me recuerda que soy “único”, “especial” y el mundo espera por mí. Vacilo por un segundo, descubro mis manos ensangrentadas cargando aun el arma que me ha provisto de alimentos, y justifico las muertes. Todos sonríen, todos parecen tan felices que es difícil pensar en la teoría de la conspiración, entonces un rostro diferente se cruza en mi camino y regreso a la realidad cuando descubro a la anciana que acaba de perder su empleo.

Al final de cada palabra hay una pregunta que no se ha hecho. Al final de cada palabra hay otra persona que se irá a la cama con el estómago vacio y la cabeza más vacía aun. En un mundo donde el conocimiento conspira en tu contra es de sabios mantenerse ignorante a voluntad, asegurando ese pedazo de futuro que nos hará “avanzar”.

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5 pensamientos en “Inmoralidad

  1. Mira que en este mundo hay gente que se va a la cama con la cabeza vacia…pensando y presumiendo que son los clasicos “quemaos”…A esos, Julio los llama “culturosos”…
    Tan cierto ese ultimo parrafo… porque a veces perdiendo se gana y no hay que ir anunciandose por el mundo…
    ME ENCANTO!

  2. Laura, Tay, Mr Sparks. Muchísimas gracias por esos comentarios tan inspiradores… es que a veces de tanto esconderlo uno termina por vomitarlo, y no hay nada que puedas hacer!
    Gracias

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