Luces de ciudad

Por Michael Sixto

            Ya conozco esta ciudad. Poco a poco la he ido descubriendo y sé que no es diferente a cualquier otra ciudad. Amanece y cae la noche de igual forma mientras la gente corre, salta y se desespera. Las sombras se esconden de a ratos y las risas de los niños correteando en el parque parecen no divertirse.

            No se necesita mucho tiempo para conocer una ciudad.

            El olor de las cosas viaja por el aire y los árboles, inmóviles, disfrutan de su sueño imperturbado. Las calles y los edificios se repiten una y otra vez y en ese afán de descubrir lo nuevo se me cruzan los lugares y me doy cuenta que ya estuve ahí, un tiempo atrás, un segundo de mi sueño.

            Es difícil quedarse en casa cuando afuera vibra la ciudad; cuando desde lejos me llega su llanto, su penar disimulado por el ruido y las luces de semáforo. Es difícil cerrar los ojos y hacer de cuentas que nada siento, que la sonrisa que me invento puede borrar cada sollozo, cada ruego que flota frente a mi ventana y revienta en suplica manchándome la existencia como si fuera yo el único hombre en esta ciudad. Y es que aún no termino de despertar y el calor que derrite las calles no me deja avanzar. Esa queja, perdida y solitaria, se me sigue colando por cada poro.

            Ya conozco esta ciudad. Ayer me llamó por mi nombre y después echó a correr como adolescente enamorada. Agigantada de claro de luna, de rocío, de canción, de soledades marchitas que penden del cielo, desaparece esta ciudad que juega a encontrarme.

             Es una lástima que solo esté de paso y que ya sepa todo sobre esta ciudad, esta ciudad que misteriosamente me ha elegido a mí, a mí entre tantos, para voltear la moneda dormida, la silueta enterrada en la arena. No lo sé, por más que lo pienso no logro verme detenido entre sus calles viviendo el momento de eternizar. Sabia, la ciudad, con la certeza de que mis pies continuarán clavados en ese pedazo de adoquín sin tiempo, regresa a sus orígenes. Las luces me manchan el rostro en ese lugar en el que sin moverme espero, entonces pienso- tal vez en el fondo de esa súplica maltrecha se esconda la clave a tanto sin razón: “aun no conozco del todo la ciudad.”

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4 pensamientos en “Luces de ciudad

  1. Y que pensabas? Que una ciudad se conoce en una vida?
    No basta una vida para conocer ciudades, ni una ciudad, ni dos, ni siete…Puedes dormir arropado por ella, puedes oir su llanto y pensar que sabes la causa, ..pero ella siempre tendra secretos, y mientras la ames y sientas su risa y sientas su llanto, ella seguira eligiendote, manchandote el rostro de dudas, sin saber si lo correcto es pararte en el adoquin sin tiempo o reirte de su prisa enamorada…Asi son estas ciudades, estas que vibran de un modo especial y nos hacen escribir sobre ellas…

  2. Un texto muy agradable para leer: se siente la magia suspendida en el aire de la ciudad, la complicidad de tantos detalles compartidos y solo revelados al mejor observador, al más sensible de todos. Siempre me han gustado los sitios naturales, pues uno se siente identificado con el universo, donde tener vida es el mayor de los privilegios, pero la ciudad… cada ciudad es única, y apreciarla de esa forma como en el texto nos vincula a una sociedad que bulle en su interior, en cada esquina, en cada solar. A diario tenemos el privilegio de ver cientos de demonios y unos poco ángeles.

  3. no creo que conozcas del todo a la ciudad, ni que la cuidad te conozca a ti, pero puedes pasear por ella, y asi la vas conociendo mejor, y ella a ti.

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