Sueños

Por Yolanda, Tay, Osmay y kontARTE

No tuvo tanta suerte. A través de la puerta medio abierta divisó el reguero sobre la mesa del comedor y las paredes descascaradas de cal blanca que la rodeaban en el cuarto, indefensa como estaba, en medio de la vieja cama de madera, heredada, por cuarta generación, de aquella abuela de la que ya ni el nombre recordaba.

Siempre que sucedía evocaba los comentarios de su madre: “vives en un eterno sueño mi’ja, a ver si algún día pones los pies sobre la tierra”  y a pesar de ello no lograba acordarse de su rostro, deforme ya por tantas madrugadas de sueños entorpecidos. Lo cierto era que las cosas habían cambiado mucho desde aquellos días sin sabor en que vivía la vida que sus padres y amigos querían que llevara. Una vida sin sueños, una vida real, donde se comía, se lloraba y las personas eran tal cual, viejas, feas, carcomidas por las carencias y meticulosamente ordenadas en el afán de mantenerse a flote en aquella isla de sueños interrumpidos por pregones mal cantados. Ahora todo era diferente, al menos, si no todo, las cosas más importantes lo eran. Vivía solitaria en aquella casona olvidada donde los recuerdos y las cosas, cargando más recuerdos, eran la compañía necesaria y eran cuanto se deseaba. Finalmente … sola con sus sueños.

Con los sueños, la soledad, y sobre todo, con los recuerdos, basta para vivir. Nutrida de todo menos de sí, parecía una sombra más que una mujer, eso sí una sombra con alas de mariposa que esparcía colores de intensiones sagradas. Los que adivinaban su estela en el espacio sonreían irremediablemente y quedaban adheridos a su magnetismo, no era encanto ni misterio, era simplemente un modo de vida algo contagioso que tenía mucho de realidades irreales.

Y es que después de un sueño, hay que soñar…o vivir soñando-meditaba-porque toda una vida es proporcional al sueño soñado. Pero eso sí,…si en algo había pensado últimamente era en no excederse con su sueños y su soledad, sus recuerdos y sus alas, y convertir su vida en algo ridículo y ascender a otra dimensión prohibida a los humanos…

Y  allí, en el desorden de la pieza, entre los libros llenos de polvos y los retratos de viejos, entre el si y el no de tantas sombras…se abandonó, nuevamente, al sueño…

Trató de permanecer despierta muchas veces y dar a su vida ese tono de realidad que para el mundo, exigente y voraz, siempre sería irreal. Pero cada día la distancia entre su pensar y hacer se multiplicaba hasta el punto de parecer inquebrantable. A medida que pasaba el tiempo deseaba con más fuerza que llegara el momento de acostarse. Ahí comenzaba su segunda vida: dominó la habilidad de seguir sus sueños exactamente donde mismo los había dejado la noche anterior, y aparecía en la cama de aquella casa ideal, “la casa de sus sueños”, la cual tenía decorada a su gusto y estilo, donde el solo transitar por sus habitaciones era una regocijo. Con el tiempo conoció nuevas personas, logró estudiar esa carrera que siempre había “soñado”, conoció a su alma gemela (otro soñador). Ya le era incómodo tener que regresar a recoger su cuerpo en el mundo real, para limpiarlo y alimentarlo, seguir con la rutina que asumió a fuerza de auto-cuestionamientos. Ansiaba regresar a su mundo fabricado, donde podía ser una heroína universal, expresarse libremente, ser ella misma. Sentía que tenía un compromiso con el mundo de sus sueños, y un buen día, decidió no despertar más.

Nunca sabremos a ciencia cierta si fue dormida o despierta cuando comenzaron a salirle las alas. Poco le molestó la transición, ese escozor en la espalda, el dolor de la piel estirada, quebrada, agrietada por esas alas de mariposa que hasta las mariposas mismas envidiarían. Soñar era, parafraseando a su madre, la mejor manera de no poner los pies en la tierra.

Un día la casa cambió de color y ni los vecinos curiosos, acostumbrados ya a que el batir de sus alas alterara los matices del día, se acercaron a mirar. Una luz devoradora abrió de par en par las puertas cerradas y las ventanas que por tanto tiempo se usaron de libreros. Y su vida entera comenzó a salir a borbotones, su vida repleta de pequeñeces sin nombre que soñaban en sus pupilas, y cuando no soñaban, se dejaban soñar. Y no se sabrá si por miedo a quedarse despojada de sueños, o por cansancio o simplemente por romper la rutina de su soñar, batió por primera vez sus alas de colores y abandonó la casa con sus manchas de humedad, sus regueros y recuerdos.

No tuvo tanta suerte sin embargo. Desde su cama vieja y heredada se vio a sí misma alzar el vuelo y perderse entre la luz. Intentó el truco largamente ensayado de volver al mismo punto donde el sueño había quedado la última vez. Algo, quizás la misma luz o el ruido del batir de alas se lo impidieron. Y así, ansiosa y vacía, sucumbió a la seductora estela de un nuevo sueño por soñar.

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3 pensamientos en “Sueños

  1. Mi preferida hasta ahora….Me erizo el final…Me la imagino luchando con sus alas en aras de regresar una vez mas…Tendremos que soñar menos????!!! Que peligro corremos los soñadores, verdad? Porque la “luz” se puede interpretar de muchas maneras…

    • Así mismo. La luz son muchas cosas. Para algunos la luz es el despertar. Para otros creo que un recordatorio de que es mejor cerrar los ojos. Hasta pudiera ser el final de la vida, eso de la luz al final del tunel. Pero sea lo que sea, amiga, los soñadores empedernidos siempre son muy vulnerables. Será una virtud o un defecto? Quien sabe!!! Que bueno que te gustó. En gran medida se debe a tí.

  2. Hacia mucho tiempo que no leia algo tan irracional para muchos y definitivamente consustancial con el humano. Perder los suenos, por que? Siempre andar pisando la tierra , por que? Precisamente los suenos implican un reto, una esperanza, una experiencia y a veces, sin pretender exceder la metafora, un placer orgasmico por el hecho de “vivir” tantas emociones, anhelos y aspiraciones que muchas veces escondemos y reprimimos por diferentes motivos o circunstancias y tambien por que no decirlo? por miedo. Solo que desde mi perspectiva y admito que soy una sonadora empedernida, perder el control cuando batimos las alas, solo concentrarnos en el sueno y no mirar el espacio que recorremos en nuestro vuelo, nos puede hacer perder hasta la capacidad de ser duenos de nuestra propia luz o quizas rompernos las alas. Eso pasa y hay que evitarlo no les digo como porque aun no se la respuesta. Definitivamente me encanto!

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