Un hombre peculiar

 Por Carmen, Alicia, Monica, Raul y kontARTE

Yo sabía que me estaba volviendo loco… lo único que no lograba calcular era el tiempo que duraría el proceso. Eso era lo peor: el tránsito, la espera, el camino a recorrer

Las personas a mi alrededor parecían fichas puestas para dar color, para ambientar, eso sí que me asustaba. Sin darme cuenta pasaba horas estudiándolas, escuchando sus conversaciones, tratando de entender por qué reían o lloraban, o por qué sin razón evidente se abrazaban en las calles. Por mucho tiempo pensé que yo era uno de ellos pero después de varios inviernos supe que los hilos que me ataban a la realidad terminaban al final del pasillo, justo enfrente a la puerta, donde sueltos, jugaban a perderse en el reguero del patio.

Es difícil precisar el momento en que empecé a volverme loco.  Es más fácil recordar cuando empecé a notarlo en la mirada de todos. Sin embargo, a esos prefiero no dar crédito. Ellos fueron la causa y no el efecto. Ellos me empujaron al vacio y luego fueron los primeros en señalarme con el dedo.

Alguna vez alguien me dijo que el uso de teléfonos celulares producía cáncer en el cerebro. Entonces empecé a evitar hablar por teléfono. Hice mi propia investigación y descubrí que el estudio solo se ha hecho en teléfonos celulares pero preferí no arriesgarme usando teléfonos de ningún tipo. Ya hace aproximadamente un año que no hablo con mi madre, ni tengo noticias de ella.  Vive en otro país y además, la pobre, esta casi ciega debido a la edad y no puede escribir cartas. La solución seria que se las dictara a Adela la vecina, pero como es muy chismosa y a mi madre le gusta mantener sus cosas en privado, ha optado por resignarse a no saber nada de mí. Yo podría escribirle también, pero seria la misma cosa. La comunicación por una vía o la otra tiene que ser interferida por Adela, y eso a mí tampoco me gusta.

En las semanas que siguieron al brillante estudio sobre los teléfonos celulares, me llegó un email lleno de números y nombre de ciudades que al principio no entendía, pero que después de leer detenidamente supe que era una relación de las ciudades con mayor índice de casos de VIH. Me asombré muchísimo al ver que la ciudad donde vivo portaba, casi con orgullo, el primer lugar. Alarmado comencé a buscar una solución y bien ¡deje de tener sexo! Mi esposa me reclamaba todos los días pero mi decisión era inquebrantable. He dejado de confiar en ella y como no quiero convertirme en un caso más que altere una milésima en las ya escandalosas estadísticas, prefiero masturbarme…. es más seguro así. La mayoría de las personas que conozco empezaron a pensar que yo era un tipo raro (eso era antes, ahora todos piensan que estoy loco)… yo pienso que simplemente soy precavido.

Sí, soy precavido y diligente. ¿Por qué habría de hacer algo que puede llevarme seguro a la muerte? No entenderé nunca a las personas normales: las estudio, las observo, escucho sus conversaciones y no logro entender por qué ríen o por qué lloran, o por qué siguen lamentándose por los errores que ellos mismos cometen a voluntad. Sí,… debe ser que me estoy volviendo loco, me he dicho a mí mismo por muchos años ante mi incapacidad para comprender lo incomprensible. Solo así podría explicarme esas miradas asombradas y en ocasiones asustadas (pero asquerosamente cuerdas) que percibía a mi paso. No sé cómo ni cuándo empezó a ocurrir. Yo había hecho todo para mantenerme sano, y lo había logrado. ¡Ahora solo estaba loco!

Con o sin miradas acusadoras de la gente en la calle, sin teléfonos, sin sexo, sin recuerdos ni palabras… sin esperanza, descubrí que la locura era estar con ellos. Todas esas horas estudiando a las personas me sirvieron solamente para comprender la magnitud de un problema mayor: “La realidad” ¿Cuán real era? Y ¿De qué servía además? Los hilos terminaban en el patio, ahí donde nacía la locura. ¡La locura que, ahora lo veía con claridad, era estar afuera, con la gente!

Como el adicto que finalmente acepta que tiene una adicción, así mismo he asumido yo mi locura. No sé cuanto ha durado el proceso, pero ahora estoy seguro que ha llegado a su fin. Estoy oficialmente loco. Y si para los adictos asumir la adicción es el primer paso hacia la recuperación, en mi caso, darme cuenta de la magnitud de mi locura me ha traído una especie de tranquilidad donde lo único importante  es mantener mi status quo.  Loco hasta la raíz del pelo de una locura auténticamente mía, recelosa de rutinas e intuitiva hasta el punto de la auto consagración, he comenzado a sentirme por vez primera satisfecho de mi propia hazaña. Había logrado evadir la tentación de entender la realidad, y creado al mismo tiempo un mundo en el que solo cabía yo, un mundo con solo una ventana que más que conectarme con el exterior, era un recordatorio de todo aquello de lo que no quería volver a ser parte.

Ahora estaba todo claro. Intente explicárselo a mi mujer por ultima vez y solo conseguí que se volteara con la expresión de siempre en el rostro y repitiera la misma trillada frase: “¡tú de verdad que estás loco!” Entonces terminé por convencerme que ella es también parte de ese mundo de marionetas que me ha llevado a la locura.  Y supe que era preferible continuar masturbándome cuando las ganas apretaban y mirando por la ventana, tratando de ser sin estar… sabiendo que es más seguro así.

En el patio, donde el desorden solía enredar los hilos de mi locura o mi cordura, no sé bien, ahora se erige el monumento a mi batalla contra el domador de almas comunes. El miedo a una recaída, a perder el control y formar irremediablemente parte del circo de la realidad ha quedado atrás. Mis manos y mi locura han hecho de este patio un hogar, mi hogar, el único que tendré de ahora en adelante. Con trabajo de hormiga había cuidado el árbol, construido el muro, recolectado un arsenal que me proveería por el resto de mi vida. No necesitaba nada más. Mi locura me reclamaba. Había esperado paciente hasta mí consagrada madurez y ahora, con unas ansias bestiales, se me abalanzaba encima jurando ser parte de mí por la eternidad. Y allí mismo en el patio, justo frente a la cara de mi esposa y su nuevo amante, haría el amor por primera vez desde aquel día en el que presentí  me estaba volviendo loco, por primera vez en mi vida de hombre nuevo.

 

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