Una terrible pérdida

Por Michael Sixto

Me descubro en una especie de trance del que no logro salir. Mi cuerpo ha perdido consistencia y flota por sobre los muebles de la habitación vacía. El cucarachón gigante de Kafka me sonríe desde la esquina del cuarto donde dejé los zapatos sucios de jugar pelota el día anterior. ¿Qué mierda es esto? ¿Alguna especie de vuele sicotrópico?-Trato de recordar- No, yo no he fumado yerba ni comido honguitos, ni siquiera me he dado un palo de ron en más de dos semanas. Sigo flotando. El cucarachón se come mis zapatos y me sigue sonriendo. ¡Hijo de puta no que no tengo más! Me impulso para llegar hasta el repugnante bicho pero no lo consigo. Estoy suspendido, sin gravedad, como amarrado al aire. Ya no importa, se los comió.

Continúo sin entender pero ahora molesto. Aun no me puedo mover mas él sigue riendo. No sé que será tan gracioso. Me mira y con una de sus antenas me saluda. Está consciente de lo que hace y creo eso lo pone feliz. Se siente en control. ¿Qué cojones quieres?- Le grito desesperado- ¿Por qué te comiste mis zapatos, ahora cómo voy a ir a jugar? Mientras le reclamo recorro la habitación con la vista buscando no sé qué. No consigo intentar nada porque no me puedo mover. Sigo tendido como una alfombra entre el piso  y el techo, justo sobre mi cama. Mis gritos le han borrado la sonrisa de la cara o como sea que se llame el lugar donde las cucarachas tienen la boca. Me sigue mirando mientras comienza a trepar pared arriba. La casa se estremece con su peso y siento como un fino polvillo me cae en la espalda desde el techo. Leo sus intenciones en los gigantescos ojos que no me han dejado de mirar. ¡Me quiere comer! A solo unos centímetros ya de mi cuerpo se detiene. Cierro los ojos. Que me coma si le da la gana- pienso mientras espero el momento final- da igual. Una eternidad transcurre con el paso de cada segundo. Finalmente salta sobre mí. Un amasijo de piernas, alas, manos y antenas se desparraman sobre el piso. Me logro incorporar después de un leve forcejeo. Cuando levanto la vista no lo encuentro. Se fue; simplemente ya no está. La ventana abierta responde mis preguntas. En un brinco llego hasta ella y alcanzo verle escabullirse calle abajo. El cucarachón gigante se aleja con mis zapatos de jugar pelota en su estómago siendo ya digeridos… y no hay nada que pueda hacer.

Desde lejos me llegan los gritos de los socios jugando pelota ya en el parque.

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4 pensamientos en “Una terrible pérdida

  1. … los conozco; esos cucarachones se han comido muchas cosas mías y siempre los veo marcharse, también atado de pies y manos.
    Genial, me reí mucho!!!

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