Erase una vez…un lápiz

Por Zahylis Ferro

Casi había olvidado la sensación de escribir a lápiz. Los años de trabajar en oficinas, donde el lapicero es el rey por dejar una secuela mas permanente, y las computadoras las reinas por casi eternizarlo todo, no han pasado en vano. Esos años de teclear, salvar, corregir, enviar a mi correo para releer más tarde, imprimir y de vez en cuando, corregir a lapicero antes de volver a salvar, habían adormecido ese no se qué que se siente  cuando el carbón se funde en el papel.
Hace unos días encontré un lápiz en la oficina y asombrada de su existencia, me lo lleve conmigo y lo tire con descuido en la gaveta de los regueros, a coexistir con lapiceros de todos colores, marcadores y cuanto instrumento de escribir pueda imaginarse. Pero lo olvide con más rapidez de la que me llevo asombrarme. Hoy, sin quitar la vista de la computadora, metí la mano en la gaveta buscando algo con que apuntar y cuando mano armada se deslizo sobre el papel, una sensación de erizo me recorrió el cuerpo. ¡Estaba escribiendo a lápiz! Creo que por un segundo perdí el hilo de la conversación que mantenía por teléfono, porque cuando volví en mí, me di cuenta que algunas de las cosas que debía anotar quedaron en el aire. No importó. Los detalles siempre son fáciles de recuperar. Lo que importaba ahora era que lápiz en mano garabateaba sobre un papel, que los dedos empezaban a tiznarse y que con cada trazo montones de recuerdos empezaban a resurgir.
De muy pequeña, escribir era una de mis grandes pasiones. No sabía lo que escribía porque mis padres se negaron a ensenarme en la casa diciendo que para eso estaba la escuela, apoyados con fervor por mi abuela que siempre pensó que tenía que aprovechar el tiempo en jugar porque para aprender a escribir ya habría tiempo. Consiente o no, me entretenía en copiar, a lápiz, las figuras extrañas que luego supe se llamaban letras y que veía impresas en mis libros de cuentos formando dibujos raros.
Los lápices, como todo lo demás, empezaron a escasear, pero a mi parecían seguirme. Tenía grandes y pequeños, los de cubierta amarilla, los del pingüino impreso, los bicolores rojos y azules, los de goma, los sin gomas, los de punta fina y los de punta gruesa. Los lápices me dieron la confianza de los primeros trazos, cuando las letras D no querían salirme y con frustración solo lograba letras A y L que no podía unir en una sola D. Los lapiceros no, esos eran intimidantes. Cuando se escribía con lapicero no podía uno equivocarse o había que re-escribirlo todo. El lapicero me manchaba la ropa y las manos y hasta me arruinó una hoja del cuaderno de escritura cuando por descuido lo deje destapado y la tinta se derramó sin razón alguna.
La transición al lapicero y las computadoras fue lenta, marcada en su mayor parte por condiciones o falta de condiciones que nos toco y toca vivir a los cubanos. Una cierta desconfianza y un poco de inhibición contribuyeron a la resistencia al cambio, pero inevitablemente el cambio llego, se impuso y escribir a lápiz término en convertirse en una práctica olvidada tan romántica como el uso de las viejas maquinas de escribir.
Es increíble la de cosas que pueden pasarnos por la cabeza en un segundo. La de sensaciones que puede revivir un simple hecho como el de escribir a lápiz. Nunca llegue a anotar todo lo que necesitaba, ni tampoco seguí usando el lápiz  después de eso, pero aun se me eriza el cuerpo al recordar el sonido del carbón arrastrándose sobre el papel donde, en tan solo un segundo, había dibujado un sol, una flor desproporcionada, y el nombre de mi hija.

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4 pensamientos en “Erase una vez…un lápiz

  1. Nos alegra mucho Raul verte por acá nuevamente. Gracias por lo que dices, de veras significa muchísimo para nosotros las críticas de nuestros lectores, especialmente de los que ya se vuelven habituales, como tú.

  2. Me he quedado sin palabras. Nunca pense que escribieras tan bonito. Se lo lei a Albertico pues a el le gusta ese tipo de reflexiones y tiene sus escritos tambien. Muchas felicidades a ti y a Michael.

    • Gracias Lis. De verdad te agradezco ese comentario tan bonito. Dile a Albertico que se embulle y escriba de vez en cuando. Esperamos seguirlos viendo por acá. Un abrazo a los dos.

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