En el último minuto… nace uno nuevo

Una vez más nuestros lectores nos regalan un pedacito de ellos mismos para ser compartido con todos nosotros. Esto que publicamos hoy es un “comentario” a El último minuto y de ninguna manera se puede quedar a la sombra. Muchísimas gracias amiga Marilyn por haber hecho de kontARTE parte de tu vida.

En el último minuto… nace uno nuevo

por Marilyn Gutiérrez

Comenzaba a hacerse tarde, aún cuando la noche parecía interminable para Sofía. Ella llevaba varias horas esperando, había llegado poco después del escalofrío y un poco antes que su cuerpo dejara de ser pesado y sus ojos, cerrados, conocieran los secretos milenarios del universo. Esos que están en nuestras narices pero no vemos.

Pues sí, ella miraba su reloj continuamente y ya había recorrido todos los asientos de la abandonada estancia. Su ansiedad aumentaba. Nadie había reparado en su presencia, quizá, porque nadie la esperaba, pero a ella en el fondo le daba igual, estaba muy vieja y cansada como para cambiar su modus-operandi, a fin de cuentas lo que contaba era que había llegado a tiempo. Una y otra vez repasaba su ya roída lista de pendientes. Faltaba un nombre por revisar, y eso la confundía mucho. Había sido eliminado ya con anterioridad, no lo recordaba, tal vez se estaba poniendo vieja, pero allí, en la lista, estaba muy claro. Con mucha calma observó detenidamente su lista: todo estaba en orden. Pero ahora la duda la asaltaba nuevamente. ¿Qué hacer con el nombre que ya había estado en revisión? Pensó por un momento y cuando tuvo la solución sonrió con aquella sonrisa que solo ella podía entender. Y cuando estaba a punto de resolver aquel problema, llegaron los de la ambulancia, con sus sirenas y su actuar nervioso.

Ella realmente se estaba poniendo vieja, algunos años antes eso no le habría molestado. Pero ahora se sentía atropellada, como si todos quisieran entrometerse en su camino, interfiriendo así con su trabajo. Se le hacía tarde y la ansiada hora no acababa de llegar. El reloj ya formaba parte inseparable de su vista y con cortos paseítos surcaba de un lado a otro la habitación, como intentando jugarle una mala pasada al tiempo.

Allí estaba Sofía; una cama soportaba el peso de su cuerpo desmadejado, su inconsciencia era profunda pero una extraña fuerza la llamaba por su nombre, y la hacía despertar. Cuando por fin lo hizo, sus ojos se encontraron con los de ella. Pudo sentir su respiración fría y profunda sobre su cara, sus manos, y todo su cuerpo. Sentía como la sangre que corría por sus venas disminuía de velocidad hasta congelarse del todo. Podía escuchar su corazón palpitar muy fuerte, como si quisiera escapar, era el miedo, que no le permitía mover ni un dedo. Ella observó por última vez su reloj que ya marcaba la hora exacta. Su rostro expresó una sensación de alivio, sacó de un bolsillo una hoja de papel un tanto arrugada, escribió algo en ella y luego se inclinó sobre Sofía. La observó por un largo rato como queriendo grabar aquel rostro en su memoria. Entonces sonrió, con aquella sonrisa que solo ella podía entender y grabó una cruz en su frente…

– Así – dijo – la próxima vez que tu nombre aparezca en mi lista, no tendré dudas.

Y se marchó casi corriendo, con su larga cabellera negra volando al viento. Debía llegar a tiempo para recoger una nueva lista y entregar aquella, en la que solo quedaba un pendiente.

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