Gato negro y hombre blanco que pasan

por: Alicia, Marilyn, Tay, Monica y kontARTE

Como todos los miércoles a la misma hora, el gato negro atravesó la avenida principal del pueblo y se adentró en el Callejón del Viejo. Era una noche tranquila. Quizás un poco fría para andar de paseo.

Como todos los miércoles, también a la misma hora, el hombre blanco atravesó la avenida principal del pueblo y se adentró en el Callejón del Viejo. “Es una noche tranquila,” pensó. “Fría.” Y se abotonó el último broche del abrigo de piel.

De pronto se quedó paralizado, ese gato, cuya rutina desconocida se mezclaba con la suya, no parecía un felino cualquiera. Bien podría ser el diablo que desde hacía días estaba tratando de enredarlo. Primero había sido la luz en la ventana. Después la rubia desnuda a quien no se le veía el rostro. Ahora bien podía ser que este gato le mostraba en camino a su propia perdición. Pero el se negaba a morder el anzuelo.

Al Diablo le gustaba jugar con sus victimas como al gato con los ratones (quizás de ahí la idea de la personificación). Muchas veces antes el hombre blanco había recorrido aquel callejón sin contratiempos. Pero aquella noche en especial sentía que no caminaba solo. Se sentía extrañó y  el frío era infernal. Aparentó no escuchar el ronronear a su lado, ni los constantes intentos del felino por llamar su atención revolcándose entre sus piernas. De pronto el hombre blanco se detuvo: sabía que había visto aquel gato antes. ¿Pero dónde? Miró hacia todas partes y trató de apartarlo de un manotazo, y en el acercamiento, cuatro ojos verdes se cruzaron. Ancestrales sentimientos recorrieron sus memorias. Definitivamente se conocían…

– ¿Por qué me sigues Diablo?

– ¿Por qué me sigues tú Dios?

Sin poder dar el mínimo paso el hombre blanco miró aturdido el Callejón del Viejo, estremeciéndose con cada recuerdo que golpeaba su cerebro, que saltaba revoltoso ante aquella voz, recuerdos que aceleraban su flujo sanguíneo…recuerdos que fatigaban su corazón…recuerdos que poco a poco se ordenaban en vivencias dormidas y arrojaban a sus pies la certeza de quien era exactamente aquel que atormentaba su noche tranquila. El hombre Blanco no supo que contestar.

-¿Me llamas Dios?-replicó.

Y se preguntó a sí mismo si sería acaso que todos sus pecados no habían sido suficientes para evitar este tipo de confusiones. “Por lo visto no, si aun me llama Dios,” pensó complacido mientras intentaba en vano secar el insólito sudor que le corría por la frente en esa noche peculiarmente fría.

El gato negro seguía mirándolo, esbozando una sonrisa de burla, deslizándose por entre sus piernas para luego brincar al camino, ocupando la posición delantera que le permitía contemplar a su presa, a la que atormentaba con su sonrisa de felicidad. “No había sido suficiente,” pensó nuevamente el hombre Blanco, temiendo escuchar una segunda frase de aquel que tenía el descaro y la sangre fría de aún llamarlo Dios.

-Ese es mi secreto-dijo en voz baja mientras seguía sudando. Y casi en una súplica- no puedes aparecerte aquí.

No pudo hablar con la acostumbrada confianza. No pudo ni siquiera ignorar un gato negro que hablaba… porque era un hombre malgastado e inundado de culpas, agobiado por su pasado, atrapado en la oscuridad y paredes altas del Callejón del Viejo (pero eso solo lo sabía él). No pudo porque no quería (aunque esto también solo lo sabia él), porque en lo más hondo de su rostro blanco escondía un cuarto oscuro abarrotado de secretos, de gritos, de mujeres que sudaban de miedo como él lo hacía ahora, de cuerdas estiradas a punto de reventar.

-Deja de mirarme así-dijo totalmente alterado al darse cuenta que había quedado al descubierto y  mirando al gato que no dejaba de sonreír.

Quizás por eso tenía la sensación de ser observado desde hacía días, la sensación que todos hemos sentido en algún punto de nuestras vidas cuando sabemos que algo malo va a suceder, cuando no eres el cazador sino la presa que presiente que el fin se aproxima. Definitivamente, al Diablo le gustaba jugar con sus victimas y burlarse. A que quieres jugar esta vez? -gritó el hombre Blanco (por fuera). Yo soy un hombre Blanco. Déjame vivir así.

Y cuando el gato comenzó a reírse, más y más alto, y la risa era inaguantable, y comenzó a crecer y se volvió gigante, y todo comenzó a dar vueltas y el callejón se volvió un hueco que giraba en torno a EL, y la luna se hizo negra y las paredes se volvieron chorros de sangre. El hombre Blanco no pudo gritar más, no pudo preguntar, y la noche de ese miércoles se tornó en aquella en la que había cambiado de color, en la que había decidido darle un giro a su vida y no permitir que nadie jugara al Diablo con él.

El miércoles se desvaneció en el tiempo dejando al hombre Blanco sin fuerzas para defender la limpieza de lo blanco de su ser, sin fuerzas para apartar el pasado, dejándolo lleno de oscuridad en su alma, en sus manos, en su pene sediento de más victimas, en sus ojos que reconocían sin demora al Diablo, no solo en el gato que atravesaba la avenida principal del pueblo y se adentraba en el Callejón del Viejo, sino en todos y en él. Y el miércoles comenzó otra vez justo en el momento en que él dejaba de ser.

Su vida de hombre blanco se había quebrado en mil pedazos. Su doble vida que nadie había descubierto aún (creía el) que guardaba tan sigilosamente que casi había logrado olvidado, no solo yacía expuesta ante su memoria, sino que además había sido seguida sigilosamente todos los miércoles a la misma hora por sabe Dios, o el Diablo, cuánto tiempo. Aquel gato negro sabia demasiado. Y sin embargo decidía  cruzarse en su camino.

-Yo no soy Dios –gritó con las pocas fuerzas que le quedaban, fingiendo tranquilidad para ganar tiempo- y tú tampoco eres el Diablo. Solo eres un gato negro y solo, sin casa, sin dueño y sin amor. Y sé que eres infeliz y por ello quieres que me desmorone.

El hombre blanco (pálido ahora) pensó en voz alta mirando al gato negro-casi cambio de color por culpa de este gato… mejor sigo mi camino- pero no pudo, el miedo era aterrador. ¿Y ese último truco no funcionaba? ¿Y si el gato no caía en la trampa que él  le tendía para hacerlo su aliado en la oscuridad de su vida, esa vida blanca en apariencia que escondía noches de terror y martirio para otros, noches de agonía y dolor, y tragedia y muerte? Si hoy su conciencia era un gato disfrazado de diablo, ¿que podría ser mañana? Ya no aguantaba más, tenía demasiados remordimientos, pero era tarde para desandar lo andado.

– Gato, ven conmigo- le dijo en un súbito arranque de compasión por si mismo- los dos estamos solos y los dos fingimos ser lo que no somos. ¿Qué dices gato, vienes?

Solo tomó un segundo. La ironía en la risa, la valentía inesperada que lo había llevado a la confrontación final, y hasta la cobardía negra que le erizó los pelos por tanto tiempo mientras se limitaba a observar la silueta blanca en el Callejón del Viejo, lo traicionaron por completo. El gato negro ya no era tan negro y definitivamente nada Diablo, y el hombre si que era muy blanco aunque por dentro ya los dos sabían que era más negro que el mismo gato y que todas las noche de miércoles. Y sin poder resistirse a la invitación que nunca le habían hecho antes, enredó su cola entre las piernas del hombre blanco y decidió olvidarlo todo y seguir, ahora acompañado, su recorrido por al Callejón del Viejo.

El círculo finalmente se cerraba. Hombre y gato ya no estarían solos, aunque en el pueblo nada cambiaría, y seguirían repitiéndose las noches de dolor y agonía y terror y muerte que nadie podía explicar. ¿Qué dices gato, vienes?, era ya un eco que se tragaba la noche.

Y en el mismo instante en que el eco desaparecía por completo, cruzaba por la acera del frente un hombre negro, que al escuchar tan peculiar conversación, pensó: “¡Verdad que todos los blancos están locos!”No podía imaginar siquiera que había sido testigo del momento en que se le vendía un alma al Diablo.

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2 pensamientos en “Gato negro y hombre blanco que pasan

  1. Este comentario llegó un poco tarde….sorry amigo Osbel (conde81) ya la Historia de la Semana cerró, pero como hemos dicho antes, en konARTE todos los comentarios cuentan…Gracias…aquí está…

    …en ese momento el viejo quedó paralizado …no lo podía creer…!!!!en segundos le vino una canción a la mente de antaño…una que oía en un programa detestado por él, pero a la vez querido y añorado por otros niños que ya no son tan niños…
    este era un gato andaluz…andaluz de andalucía…..

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