The Office

por Michael Sixto

El hombre regresó temprano, un tanto frustrado por el día que terminaba. Uno de esos -pensó- uno de esos que no cuenta, que no se recuerda el segundo antes de morir cuando, dicen, todo lo bueno de tu vida te pasa frente a tus ojos justo antes de alcanzar el túnel de luz.

No había sido nada en específico y había sido todo. En la oficina se respiraba  el habitual  aire cargado de los lunes cuando nadie quiere estar ahí, pero igual fingen haber tenido un fin de semana espectacular. La realidad: chicken wings de Pizza Hut tumbado en el sofá y muchas horas de televisión. Ya estaba cansado de eso; de los good  mornings con la risa plástica, de los memos, los e-mails… el puto elevador repleto de las mañanas para subir dos pisos que no podía evitar por falta de escaleras (fire emergency exit only) y había más, pero no lograba recordar.

El hombre repasó su vida en los dos últimos años, en los dos últimos meses, en los dos últimos días. No encontró huellas, rastros de complicidad. Era coincidencia entonces. Como les sucede a todos- pensó una vez más- ninguno de sus amigos estaba contento (no le pasó por la cabeza la palabra feliz) con sus trabajos. No, no era solo él, además era cuestión de tiempo hasta que algo mejor apareciera. Sí, no había por qué desesperarse, tenía que tener paciencia y esperar. El día de hoy no significaba nada, nada en lo absoluto.

Ahora, lunes en la tarde, tumbado en su sofá, comiéndose unos chicken wings de Pizza Hut se disponía a pasar las próximas tres horas viendo televisión y pensando como mejoraría su vida en el futuro cuando ya no tuviera que regresar a esa maldita oficina donde todos estaban  programados y lucían exactamente iguales y hacían exactamente las mismas cosas… todos los días de la vida.

La mañana siguiente, martes, el hombre despertó contento. Camino al trabajo repasó nuevamente la historia en su cabeza: “… a pesar de haber sido lunes estaba repleto el lugar pero conseguimos mesa… la pasamos increíble, aún no puedo creer que me haya podido despertar hoy después de todo lo que bebimos…”.  Sonrió pícaramente y amó ese minuto. Ese sí que lo recordaría el último instante antes de partir para siempre.

Anuncios

6 pensamientos en “The Office

  1. ENTIENDO QUE EL ABURRIMIENTO ES GENERALIZADO Y QUE HAY DIAS QUE PROVOCA VOLAR O TIRARTE DEL EMPIRE STATE QUE PARA EL CASO ES LO MISMO. PERO HAY ALGO QUE DICEN QUE HAY QUE HACER PARA ENCAJAR EN ESE GRUPO DE FICTICIOS Y MENTIROSOS ADICTOS: UNO, HIPOCRECIA, DOS LAMER BOTAS. DEBE SER POR ESO QUE NO ENCAJAMOS, UNO PORQUE LA HIPOCRECIA NO ME PARECE PARA NADA PARTE DE LA EDUCACION. ES SOLO UNA FORMA DE TAPAR LA ENVIDIA, LA CUAL A SU VEZ NO ES MAS QUE ADMIRACION CON ROñA. Y DOS PORQUE YO NO LE LAMO LAS BOTAS NI A AL GATO.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s