Palabras para ir y venir

Por Denis, Veronica, Alicia, Tay, Monica y kontARTE

Miró a su alrededor, y vio con tristeza que no le cabían en su enorme bolso todas las palabras que habría de llevarse; incluso, aquellas dichas a la ligera, sin pensar. En fin de cuenta eran suyas, por tanto, dejarlas atrás le causaba dolor. Sin embargo, no había nada que hacer, sabía que el sobrepeso era multado, y en su vida, sólo palabras eran su fortuna, de ahí que se diese el lujo de desperdiciar alguna, y otras, simplemente no recogerlas… Tal vez alguien -pensó- un día ha de darle mejor uso a lo que he dicho.

Así que las repasó por última vez con el anhelo de nunca olvidarlas y las colocó con cuidado por orden de importancia y sin mirar hacia atrás emprendió el largo viaje que le esperaba con el corazón dividido entre el dolor y los nervios por lo que se avecinaba…

Sin embargo, afuera tropezó con palabras de otros, que lo mismo le hubiese gustado llevarse, pero su equipaje resultaba impropio para tan grande empresa…

Siempre había sentido un enorme respeto por el mar, pero lo que sentía hoy era definitivamente pavor. Lo que estaba a punto de hacer era catalogado por muchos como locura e incluso suicidio para los más pesimistas.

Aquellos que lo conocían sabían lo difícil que era para él la partida. Contemplar el mar así de cerca, saber que tendría que convivir con el por varios días perdía todo el romanticismo y el embrujo de la ocasión y peor aún, lo aterra hasta el punto de implorar palabras. Y es que dejar su pueblo, su hogar, sus rincones preferidos, su gente, y cada palabra impresa en ellos- las suyas- era casi un suicidio.
Agarro su enorme bolso, repleto de recuerdos adornados de adjetivos, dio el ultimo adiós a su “vida” y cerró los ojos como quien se abandona a lo inevitable. Por muchos días odio la corriente del océano que lo llevaría lejos, donde quizás nadie comprendiera sus palabras.  Pero cuando descubrió que su bolso parecía crecerse por dentro y le sonreía con complicidad, supo que aquel silencio terminaría pronto y terminaría bien, supo que no toda su vida había quedado atrás, supo que aun tenía el apoyo de un amigo, supo que un bolso puede tener muchos significados.
Y así fue como en la mañana del 6 de agosto finalmente el mar se cubrió de límites al este y el cielo de gaviotas, y el entendió que había llegado a su destino y justo a la entrada del puerto, aquel 6 de agosto, rompió su silencio. Y poco a poco una ola de curiosos le hicieron circulo a aquel del que brotaban palabras, a aquel que formaba poemas en el viento, a aquel que cantaba canciones, a aquel que exponía ideas no siempre las que se querían oír, pero ideas bellas, a aquel que era rico en verbo: el. Y así fue que aquella mañana, el dolor y la resaca acumulada, desaparecieron, porque se dio cuenta, que nadie podía quitarle su fortuna, porque sus palabras seguían brotando, con la misma facilidad y la misma energía que emana lava de un volcán activo, de la misma manera ininterrumpida y continua, que ni siquiera la naturaleza puede parar.

Aquella mañana de palabras copiosas era el mejor premio a su paciencia de siglos. Esa paciencia que lo hizo sentarse a esperar y confiar en un futuro mejor y que hasta sus palabras inquietas empezaron a cuestionar. Los curiosos que observaban como todo el irradiaba palabras, no podían imaginar que unos días antes su paciencia había llegado al límite y en un impulso nervioso le había puesto delante, una a una, las miles de razones que tenia para decidirse a empacar.

Desesperado había examinado el bolso en busca de las palabras más valientes que poseía, pero no tenía muchas. Se había pasado la vida escondido detrás de palabras de excusas y resignación. Por eso había hecho la maleta: tenía que dejar todo atrás y cruzar el mar, era preciso, más que preciso, inmediato. Su vida era vacía desde hacía años porque su corazón no estaba en su cuerpo. Cada mañana se levantaba y salía a la calle con buena cara pero con mal tiempo. Se decía a sí mismo “que día más bello y que afortunado soy.” ¡Mentiras y más mentiras! Tenía que cruzar el mar, porque del otro lado también estaba ella…

Ella… ¿estaría ella entre los que se amontonaban a la orilla del mar para mojarse en sus palabras cálidas con sabor a tierra húmeda y añoranza fresca? Ella había sido la razón más poderosa para que se lanzase a ese mar que por días le pareció infinito. Ella sabía de palabras. Ella sabía de sus palabras y de él.

Por mucho tiempo estuvo allí, con el mar suplicándole a sus pies que se quedara y la arena mojada reclamando su cuerpo. Vio desfilar rostros extraños que se acercaban atraídas por su voz, por sus palabras más que por su voz. Vio miradas iluminarse al escuchar nombres y lugares dormidos en ellas. Vio manos apretarse ansiosas a manos vecinas y ser cómplices en abrazos sin principio ni final. Vio turistas de sonrisas bronceadas acercarse a la orilla y llevarse palabras de las que nadaban a su alrededor a modo de souvenir. Y hasta vio vergüenza, y desdén y hastío en algunos, que al descubrir la naturaleza de su estar,  comenzaron a disimularse entre la multitud, y se fueron, incapaces de soportar el peso de sus palabras. Pero no la vio a ella. La televisión y la radio difundían sus palabras pero ella aun no parecía escucharlas.

Y cuando comenzaron a alejarse los curiosos ,y la noticia del viajero que ya nadie sabía si iba o si llegaba dejo de ser noticia, descubrió con tristeza que su bolso, ahora vacío, yacía flácido a su alrededor. “Me voy a morir,” pensó, y palabras de adiós comenzaron a brotarle de los labios. “Me estoy muriendo,” y el mar se lo fue llevando, y todo su cuerpo se estremeció al mojarse en sus palabras. Una ola final le cerró los ojos y le inundo los sentidos de un olor conocido, el de ella, que lo esperaba allí, donde no la había buscado, entre su estar e ir.

A medio mundo de distancia, un amante despechado que caminaba por la playa, encontró ella bolsa repleta de palabras. Desde entonces no ha dejado de contarlas. Ni de amar.

 

Anuncios

5 pensamientos en “Palabras para ir y venir

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s